Él no olvida, menos a un traidor.
Sin embargo, las deudas se pagan y más aún cuando llega a ese pueblo abandonado por Dios y se encuentra algo más que un traidor que se hace pasar un padre y a una mujer despreciada por todos y que está dispuesta a...
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Ella se movía con mucha calma por la cocina, tocando las cosas que solo iban a ser necesarias para usarlas, y no iba a cometer el error de romper algo ahí. Lo que sucedió ese día solo fue un duro golpe que la mandó directo a la realidad de algo que ella nunca podría ser en lo absoluto.
Una vez que la cena estuvo lista, lavó los platos que encontró en un gabinete y luego dejó unos cuantos en la mesa del comedor y los otros sobre la encimera, los cuales eran de ellos y de sus hijos. Preparó un poco de jugo; aunque era artificial, era lo mejor que Erik llevó por la escasez que había ahí.
—Mamá —Leyna se quedó junto a la encimera—. ¿Por cuánto tiempo vamos a quedarnos aquí?
—Nos quedaremos aquí por esta noche, según escuché. —Nadja la ayudó a subirse en la encimera y fue por Demyan—. Cenen, deben tener hambre.
—Es un edificio enorme. —Demyan miró hacia arriba—. Y se ve la ciudad desde aquí, muchas luces.
—Lo es, es enorme. —Nadja se mordió el labio inferior mirando hacia el exterior—. No sé por qué él tiene este lugar tan grande...
—Porque puedo tenerlo y es donde pasaba más tiempo —mencionó Jadiel bajando las escaleras y ella se espantó—. Es una fortaleza que creé para mi seguridad y nadie puede entrar excepto yo.
—Oh, entiendo —ella se dio la vuelta—. Su cena está en la mesa —señaló—. Espero que le guste.
No se detuvo a esperar una respuesta y fue por su cena. También tenía hambre y sus hijos ya habían comenzado a devorar las de ellos. Dejó los vasos llenos de jugo para sus hijos y tomó asiento; sin embargo, Jadiel detuvo sus movimientos mucho antes de que pudiera acomodarse en la silla. Jadiel le habló.
—¿Se puede saber por qué no están sentados aquí? —Jadiel detuvo el cubierto antes de que pudiera llevárselo a la boca—. Vengan a comer a la mesa.
—¿Qué? —Nadja se quedó altamente sorprendida—. Nosotros vamos a comer aquí...
—¿Por qué razón? —repitió la pregunta con otras palabras—. Necesito algo evidente...
—Usted es el jefe... —Murmuró confundida—. Nosotros debemos comer aquí...
—Es la segunda vez y la última que lo repito. —Se levantó de la silla y Nadja se asustó más de la cuenta—. Vengan a comer conmigo a la mesa en este momento.
—Es que...
Jadiel dio grandes zancadas hasta donde ellos se encontraban y no se veía para nada contento. Nadja tomó primero los platos de Leyna para llevarlos a la mesa con rapidez; Jadiel tomó las bebidas, dejándolas en la mesa, y fue por otras cosas que Nadja todavía no había buscado.
Los niños se sentaron en el lado izquierdo, primero Demyan y luego Leyna, mientras que Nadja terminó a su lado derecho.
—Ahora sí —Jadiel se sentó en la punta de la mesa—. Pueden comer.