Capítulo 46

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Limpió sus mejillas con el cuidado que ni ella misma se tenía en ese momento y del mismo modo se quitó la suciedad de las manos con la falda de su vestido roto

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Limpió sus mejillas con el cuidado que ni ella misma se tenía en ese momento y del mismo modo se quitó la suciedad de las manos con la falda de su vestido roto. Desde que llegó a esa casa, su destino era incierto; no obstante, esa noche todo en ella se rompió por completo.

Preparó el nuevo inhalador, que, aunque no era igual de innovador que el anterior que Jadiel le había comprado, este le serviría para poder pasar la noche. Leyna cambió el paño de su frente por otro, y ni con eso la temperatura de su hijo bajaba.

—No pude darle el baño —Anika lamentó, dejando un cubo con agua tibia en la mesita de noche—. Demyan no quiso que lo tocara y respeté eso.

—Está bien, gracias. —Sonrió en señal de agradecimiento. Nadja le dio el medicamento de la fiebre—. Espero que con esto baje un poco la fiebre y puedas dormir —sus hombros se hundieron—. Es muy tarde para darle un baño...

—El agua caliente se arruinó por la tormenta —señaló hacia el exterior, donde se podía notar que continuaba lloviendo a mares—. Será mejor esperar a mañana...

—Voy a calentar agua en la estufa... ¿Crees que me dejen hacerlo? —la miró brevemente—. Aunque, no sé...

—Sí, voy a checar si el agua de la cocina funciona como debería y de ese modo podrás darle otro baño y tú también...

—Está bien...

Anika salió nuevamente y ella se puso de pie, notando que tenía heridas en sus rodillas, sus tobillos, dedos y plantas de los pies. Observó sus manos, las cuales contenían todavía las raspaduras que podían infectarse.

—Mamá, ¿estás bien? —Leyna bajó de la cama—. Demyan ya se durmió.

—Sí, estoy bien. —Ella se limpió las manos en la falda de su vestido nuevamente—. Por favor, trata de dormir un poco... Voy a organizar la habitación...

—Yo te ayudo...

—No, está bien. —Negó con la cabeza—. Trata de dormir y, si ves que tu hermano tiene problemas para dormir, avísame...

Nadja sacó de la bolsa las cosas que esa chica en la farmacia le había dado y vio que esta le regaló un par de curitas, entre otras cosas para usar en sus heridas. Su cabello estaba hecho un desastre, pero mientras más rápido terminara de limpiar, sería mucho mejor para ella poder lidiar con su hijo mientras pasaban la noche.

Cerró con cuidado la puerta y no se podía escuchar nada en la sala. Como era de esperarse, nadie había limpiado lo que ella ensució y era obvio que nadie lo haría, salvo que ella se atreviera a hacerlo. Con el malestar que ya tenía encima, prefirió mejor darse prisa.

Dejó el trapeador con el agua a un lado y se dio la vuelta para buscar unos guantes. Estaba por comenzar a limpiar cuando apareció Kadir a quitarle el trapeador.

—Tienes que descansar —Zeus le quitó los guantes—. No puedes ponerte ahora a limpiar.

—Es mi trabajo hacerlo. —Nadja entrelazó sus dedos, pero de todos modos se podía ver que estaban lastimados—. Ve con tu hijo a descansar.

El placer de corromperlaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora