Capítulo 16

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Guardó con mucho cuidado los medicamentos que le habían dado para Demyan y notaba los cambios en su hijo

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Guardó con mucho cuidado los medicamentos que le habían dado para Demyan y notaba los cambios en su hijo. El pequeño dormía algunas veces sin la necesidad del inhalador; sin embargo, era por precaución que cada noche lo mantenía en su caja, junto a la cama, cargado. En más de una ocasión supo que él se lo colocaba en las noches para no despertarla, algo que le rompía el corazón, porque últimamente sentía que sus hijos hacían todo para que ella no se preocupara en lo absoluto.

Leyna continuaba pidiendo avenas algunas veces en las tardes y le preguntó si en algún momento podía hacerles helados como el que les trajo antes. Ella no había vuelto al bosque; es más, ni siquiera se asomó por esos rumbos, los cuales estaban prohibidos, y tenía miedo de que Jadiel se enojara con ella.

Ese día, estaba caminando por el jardín, puesto que poco a poco la nieve se iba derritiendo y solo quedaba lodo. Algo que ella debía limpiar lo antes posible, y era mucho más trabajo por la temporada de calor que se avecinaba. Estaba pensando en algunas plantas que colocar y que fueran resistentes al calor, mientras que otras en alguna área de la casa para que no se marchitaran.

Demyan y Leyna estaban en el jardín, sentados en uno de los bancos, con libros que ella les dio de la biblioteca. Su memoria podía ser fotográfica, pero para eso debía leer, ver y escuchar todo...

—Nadja —la llamó Natacha, saliendo desde la puerta del jardín—. Ya estás por aquí.

—Sí —ella guardó su libreta y entrelazó sus dedos, caminando hacia la mujer que se había vuelto la primera persona que le ayudó con sus hijos—. Estoy verificando las cosas para el arreglo del jardín debido a la alta temperatura que se acerca.

—Oh, perfecto —ella dio unos pequeños aplausos al escucharla—. ¿Qué tienes en mente?

—No sé bien si le gusta, porque veo que el jardín tiene colores y flores muy distintos a los que imagino la decoración —ella se sonrojó un poco—. Cuando acabe con los apuntes, se lo haré saber.

—Me parece bien todo lo que haces, ya que, con solo ver el invernadero, que, si te soy sincera, no pensé que fuera a tener vida en algún momento. —Natacha sonrió un poco—. Aun así, no vine del todo para hablar del jardín, sino más bien para saber las razones por las cuales no has vuelto donde te llevé la otra vez.

—Es que no sé si es buena idea que vaya —ella le explicó con cuidado—. El señor puede enojarse si me ve fuera de los límites.

—Según recuerdo, tu jefa soy yo y no él —la anciana negó un poco con la cabeza—. Sin embargo, voy a respetar tu decisión de no ir si no quieres, ya que sería un poco contradictorio el hecho de que te obligue a hacer algo que no quieres.

—Gracias, señora. —Nadja asintió—. ¿Necesita algo más?

—Caminemos un poco... —Le indicó—. Los niños no se van a ir de donde se encuentran...

El placer de corromperlaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora