Capítulo 18

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Las mejillas sonrojadas estaban a flor de piel; Nadja a duras penas podía contenerse en poder quedarse y no huir del hombre que tenía enfrente porque de algo estaba segura, y es que Jadiel no se iba a mover de su lugar

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Las mejillas sonrojadas estaban a flor de piel; Nadja a duras penas podía contenerse en poder quedarse y no huir del hombre que tenía enfrente porque de algo estaba segura, y es que Jadiel no se iba a mover de su lugar. Abrió la boca para decirle algo, pero nada salió; más bien, fue un balbuceo nervioso y sin sentido que escapó de sus labios.

Por alguna razón, no se sintió tan asustada como con Leo o Artem y no supo el porqué. A decir verdad, recordó las veces en las que Jadiel la tocaba sin miramientos y no se asustaba con el hecho de que otro hombre estuviera invadiendo su espacio personal en lo absoluto. Más bien, estaba en un dilema enorme con lo que ocurría.

Bajó, sin evitarlo, la mirada hacia los labios del hombre que se mantenía a unos cuantos centímetros lejos de su cuerpo, pero lo suficientemente cerca como para saber que él estaba con una sonrisa ladina adornando sus labios después de todo.

—Se burla de mí —soltó, regresando la mirada hacia los ojos verdes del mafioso, los cuales tenían un brillo que no pudo entender de qué era—. Puede... puede ser que no entienda muchas cosas —comenzó diciéndole, mientras sostenía lo más que podía la mirada—. No obstante, aprendo rápido...

—¿Qué cosas sabes y entiendes rápido? —Jadiel hizo un pequeño movimiento hacia ella—. ¿Cómo sabes que me burlo de ti?

—Usted por alguna razón busca la manera de hacerme sentir que no valgo nada por culpa de mi pasado —apretó los bordes de la mesa—. Y que seguro piensa que soy una mujer débil por dejar que Leo y Artem me hicieran todas esas cosas por años, al igual que los habitantes del pueblo, pero...

—No me burlo de ti por las cosas que hayas pasado en el pueblo, porque sé lo que es ver a alguien querido sufrir por cuidar a los suyos —él soltó sin pensarlo, y lo supo cuando su mirada cambió—. Lo hiciste por tus hijos; sin embargo, hay cosas que no se pueden cambiar.

—No puedo cambiar nada de mi pasado y, si cambio la mínima cosa, sé que los perdería —decretó con seguridad—. Leyna y Demyan son mi todo...

—Tenías apenas dieciocho años cuando los trajiste al mundo...

—Dieciocho años en los cuales supe que no podía hacer nada —Nadja sonrió con desgano—. No juegue conmigo, menos con mi mente.

—¿Estás consciente de que te llevo literalmente una vida? —Jadiel ladeó la cabeza un momento, y ella podía sentir cómo sus alientos literalmente chocaban—. Tienes la mentalidad de una niña...

—No soy una niña, soy una adulta y deje de insultarme —se sintió ofendida—. Si tanto le molesta mi presencia, deje de verme todo el tiempo.

—¿Quién te dijo que pierdo mi tiempo viéndote a ti?

—Son sus palabras, usted fue la persona que me dijo que me tiene vigilada en todos lados —respondió con seguridad y él se puso serio—. Vi todas las cámaras, hasta las más pequeñas que casi no se notan, y tengo que decirle que si una de mis plantas se muere...

El placer de corromperlaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora