Capítulo 48

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Leyna comió otro bocado de su avena sin despegar la mirada de Jadiel, quien dormía pacientemente

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Leyna comió otro bocado de su avena sin despegar la mirada de Jadiel, quien dormía pacientemente. Su madre se encontraba con Demyan en la cama, ya que su hermano había estado teniendo fiebre que subía y bajaba. Ella estaba muy enojada con el hombre que, para ese momento, se encontraba despertando de lo que parecía ser una buena siesta.

—¿En dónde está tu madre? —Jadiel se sentó en la cama—. ¿Quién te dejó aquí?

—Mi mamá vino a traerte el desayuno, pero estabas durmiendo —ella respondió sin dejar de mirarlo—. Debió meterle más el cuchillo; seguro así ya te...

—Tienes un vocabulario demasiado parecido al de tu madre —hizo una mueca—. ¿Qué estás comiendo?

—Avena que preparó mi mamá. —Leyna se encogió de hombros—. Tú te ves bien, así que estás fingiendo como la otra vez.

—Tu madre casi me mata por segunda ocasión —se llevó una mano a la cabeza cuando sintió que estaba por tener uno de esos dolores de cabeza que últimamente le estaban dando—. Una cosa es que no lo veas y otra...

—Si mi mamá te hizo eso, es porque algo le hiciste...

—¿Y qué se supone que le hice a tu madre? —cuestionó el mafioso desde la cama—. Porque...

—Mi mamá llora todos los días porque no le crees y se echa la culpa de que Demyan esté enfermo —le reprochó—. Ella no tiene la culpa de ser hermosa... y...

—¿Y?

—Demyan dijo que tiene un secreto y que mamá lo sabrá cuando se muera. —Leyna tomó el último bocado de la avena—. ¿Qué es lo que mi hermano no me ha dicho?

El mafioso se sentó en la cama sin saber qué hacer exactamente en ese momento. Ni podía concentrarse bien en lo que la cosita molesta le estaba diciendo y ya el hombre estaba carcomiéndole la existencia misma.

—Demyan no me ha dicho nada. —Jadiel puso los pies en el piso—. Creo que no es la manera de cuidarme.

—Te cuido así, porque eres un ser malvado y... —La pequeña bajó del sofá—. Acuéstate, no puedes hacer esfuerzo... dijo mi mamá.

—Está bien —levantó la mano—. Tengo que darme un baño y tú regresar con tu madre.

—No, acuéstate un rato más —ordenó—. Yo no puedo salir hasta que mi mamá no venga y, como está trabajando, no creo que lo haga en un buen rato.

—De acuerdo. —Jadiel asintió—. ¿Y mi desayuno?

—¿No viste que me lo comí?

El mafioso apretó los labios. Era solo una niña... Leyna sacaba algo en él que ni su hermana pudo en años. Sin embargo, la pequeña saltamontes era demasiado tranquila cuando se lo proponía y ni hablar de que, con su cara o voz de inocencia, podía engañar a medio mundo.

El placer de corromperlaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora