Él no olvida, menos a un traidor.
Sin embargo, las deudas se pagan y más aún cuando llega a ese pueblo abandonado por Dios y se encuentra algo más que un traidor que se hace pasar un padre y a una mujer despreciada por todos y que está dispuesta a...
¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.
Jadiel subió las escaleras que daban al segundo piso y buscó rápidamente la habitación principal. Les dio la orden a los guardias de que se mantuvieran en alerta por si había algún tipo de ataque durante el transcurso de la noche en el jardín o en otra parte de la casa. Lo que menos deseaba era que su hermana pidiera el buen momento de cumpleaños que tenía por su culpa o algo parecido.
Cerró la puerta con cuidado de no asustarlo más y se metió en el baño, dejándolo sobre sus pies, sin dejar de sostenerlo.
—Voy a darte un baño, ¿bien? —Jadiel tomó su rostro con ambas manos—. Escúchame.
Buscó el número de su hermano, esperando que este le respondiera rápidamente.
—¿No estamos en la misma casa...? —preguntó con ironía Zeus—. No me hagas reír.
—No estoy bromeando —farfulló—. ¿Sabes si trajeron una muda de ropa para los niños?
—Todos trajimos una muda de ropa. Órdenes de Nadja y Jasha —el tono de su hermano cambió a uno más serio—. ¿Qué es lo que pasa?
—Tráeme la ropa de Demyan, estoy en mi habitación —le quitó la chaqueta del traje al pequeño—. Tienes diez minutos.
Colgó la llamada y puso el teléfono en el bolsillo de su pantalón. Se quitó el saco y la camisa, sin dejar de ver a Demyan, el cual continuaba con el inhalador en su mano.
—Te haré unas preguntas, ¿de acuerdo? —abrió la llave de paso de la ducha—. ¿Quieres que te bañe? ¿O quieres que lo haga tu madre?
—Mamá, no... —Demyan negó con la cabeza.
—Bien, lo haré yo, entonces —niveló la temperatura del agua—. ¿Esa mujer te tocó? —Demyan se quedó en silencio y luego comenzó a llorar—. Escúchame, Demyan —acarició su mejilla con ambas manos—. Necesito que me digas con un movimiento de cabeza tus respuestas, porque no podré ayudarte si no me dices.
Demyan asintió y Jadiel imitó su gesto.
—¿En dónde te llegó a tocar, en algún lugar de tu cuerpo? —le fue quitando la parte de arriba de la ropa. Sin embargo, detuvo sus movimientos cuando este no respondió—. ¿Dónde te tocó?
—Me besó... —Demyan alejó el inhalador—. Pero llegaste cuando iba a hacerme cosas...
—¿Solo te besó?
Demyan asintió.
Jadiel dejó salir un pequeño suspiro de alivio ante eso, y terminó por desnudarlo por completo. Todavía no podía entender por qué Leo usaba a su propio hijo como un experimento de su creación. El pequeño tenía marcas de agujas en su piel que a simple vista pasarían como una alergia tardía o alguna picadura de mosquito.
Se mantuvo de cuclillas frente al pequeño y, con la ayuda del gel de baño, inició con el baño. El agua caía sobre el cuerpo de Demyan, mojándolo por completo, y a él le caía de igual modo agua de la regadera, pero le daba lo mismo.