Capítulo 32

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Nadja recogió algunas hojas secas y presionó el botón que daba al techo, dejando ver la pequeña luz que necesitaba para sus plantas

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Nadja recogió algunas hojas secas y presionó el botón que daba al techo, dejando ver la pequeña luz que necesitaba para sus plantas. Buscó un poco de agua y no pudo evitar detenerse en el pequeño estanque que tenía frente a ella en ese momento. Era tan hermoso que solo esperaba que esa misma semana le dieran el visto bueno para poder colocar sus flores de loto ahí. Tenía las semillas en un enorme recipiente, tal cual había leído, así que podía darse el lujo de cuidar sus flores favoritas durante los momentos que estaba en el invernadero.

—Hola. —Anika entró con una canasta—. Vine a buscar las verduras y los frutos que dijiste.

—Sí, están por aquí. —Ella dejó a un lado lo que estaba haciendo—. No sé si les gusta el sabor de cada uno, pero es lo mejor que pude hacer.

—A ellos les gusta todo lo que haces —bromeó su amiga—. Hasta me preguntaron si en algún momento quiero tomar mis vacaciones para dejarte dirigir la cocina —caminó detrás de ella—. No sé qué le echas a la comida, pero es deliciosa.

—No tienes que halagarme...

—No te halago para que te quedes con mi trabajo, lo hago debido a que tú cocinas de una manera que a todos aquí parece gustarles. —Anika se detuvo mirando unas fresas—. Estas sí que son grandes...

—Gracias. —Sus mejillas se pusieron rojas—. Hago lo mejor que puedo.

Anika comenzó a tener una pequeña conversación con ella, por lo que ella se sintió muy feliz. Aunque casi no hablaba con ella, porque tenía que irse a la ciudad a estudiar, siempre estaba ahí para ella. Con las otras chicas no podía; ellas la odiaban y eso que eran nuevas, puesto que las demás desaparecieron.

Se quedó otra vez sola en ese espacio, viendo de reojo a su hija correr con el pequeño tigre detrás de ella, mientras que la mamá de este se mantenía a una distancia prudente, vigilando al juguetón. No vio a su hijo Demyan, por lo que supuso que debía estar cerca con su hermana o en la habitación jugando.

—Leyna —llamó a su hija y esta dejó de correr—. ¿En dónde está tu hermano?

—Dijo que estaría en la habitación durmiendo —Leyna detuvo sus pasos—. ¿Quieres que lo vaya a buscar?

—Iré a verlo —se limpió las manos en el delantal—. Últimamente, está durmiendo demasiado.

—Tienes razón...

—Sí, quizás es por el cansancio o los medicamentos —negó con la cabeza—. ¿Tienes hambre?

—Ahora no...

—Despídete del bebé —pidió—. No puedo dejarte sola aquí afuera.

Leyna frunció los labios y asintió. Se despidió del pequeño bebé tigre y de su madre, donde segundos más tarde ya se encontraban ambas entrando a la casa.

—El señor pidió que vayas a su oficina ahora. —Erik abrió la nevera—. Puedes ir con Leyna.

—Tengo que ir a ver a mi hijo...

El placer de corromperlaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora