Él no olvida, menos a un traidor.
Sin embargo, las deudas se pagan y más aún cuando llega a ese pueblo abandonado por Dios y se encuentra algo más que un traidor que se hace pasar un padre y a una mujer despreciada por todos y que está dispuesta a...
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Leyna iba literalmente chillando de la emoción al participar por primera vez en una competencia, ya que en el pueblo no se les permitiría siquiera mirarlas y, cuando lo hacían, no terminaba bien para su madre. Ella no era una niña estúpida, mucho menos alguien que se dejara malograr fácilmente, pero cuando se trataba de su madre, pues las cosas cambiaban.
Uno de los dones que ella y su hermano tenían era el poder ver todo con más claridad que los otros niños. Aun así, no iba a dejar pasar la única oportunidad que tenía para disfrutar con el hombre que sostenía literalmente su mano con algo de dificultad, puesto que su altura no ayudaba para nada.
Pensó en pedirle al mafioso que la cargara; sin embargo, él dejó en claro que no podía, puesto que ya se había ganado antes una pequeña reprimenda de su parte. Imaginó que se iba a sentir feliz de estar ahí, pero vio que la única niña con el cabello tan rojo que parecía ser artificial era ella.
Mientras Jadiel los inscribía en la competencia, no pudo evitar abrazarlo por la pierna y ver que estaba completamente siendo una niña rara...
—¿Sucede algo? —Jadiel le pasó algunos billetes a la vendedora—. Hace un momento te veía muy feliz...
—Soy la única hija de Satanás por aquí —le soltó de golpe al mafioso, y este no supo qué responderle.
—Quien te haya dicho eso mintió. —Él se agachó lo suficiente para que la pequeña lo mirara—. Eres molesta, eso lo sabe cualquier persona; sin embargo, vas a encontrar a muchos niños con el mismo tono de cabello que tú en las calles. —Jadiel quitó los mechones de cabello rebelde que estaban en su rostro—. Además, nadie salvo yo puede molestarte porque deja de ser divertido luego...
—Es un momento serio —Leyna hizo un puchero—. ¿Entonces serás mi papá por hoy?
—La seriedad contigo sucede cuando te llevas las cosas que me prometes. —Le pellizcó la mejilla y ella golpeó su mano—. Sí, seré tu padre por este día.
—¿Pueden pasar adelante? —les dijo la persona que los atendía—. Estos son sus números...
—Necesito otro para los juegos que hay. —Jadiel le pasó más dinero—. Mi hijo participará también en los de padre e hijo.
—Claro, en un momento los registro. —Ella sacó una hoja—. ¿Sus nombres?
—Jadiel Richter y Leyna Richter —les dio los nombres y ella lo anotó, pasándole de igual modo unos números que debían pegarse—. Y el de mi hijo, Demyan Richter.
La mujer terminó de anotar todo y él sintió que el silencio que Leyna dejaba fluir era demasiado, por así decirlo. Debió de ser algo nuevo el hecho de que ahora tenía un apellido que le pertenecía.
—¿Participará con su esposa? —La chica lo detuvo antes de que tomara en brazos a Leyna—. La última competencia del día es entre esposos... —Hizo una pequeña pausa—. A menos que...