Capítulo 19

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Llevaba a sus hijos de las manos, sin darles el tiempo de que pudieran decir algo, puesto que lo que menos deseaba era pasar mucho tiempo con Jadiel en el mismo espacio

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Llevaba a sus hijos de las manos, sin darles el tiempo de que pudieran decir algo, puesto que lo que menos deseaba era pasar mucho tiempo con Jadiel en el mismo espacio. Sobre todo, después de lo que ocurrió la noche anterior, que a duras penas pudo pegar el ojo.

Besó al jefe de jefes en casa, tanto que se sintió muy abrumada con lo ocurrido.

Las personas del personal la miraban con reproche por el simple hecho de que ella, sin duda alguna, se tomaba muy en serio eso de romper las reglas con el jefe. Entró con sus hijos a la habitación y se cruzó de brazos, esperando una explicación por parte de ellos.

—Te juro que no hice nada esta vez, mami. —Leyna juntó sus manitas en su regazo y la miró como si fuera un gatito abandonado—. Estaba acostada en el hermoso pasto y apareció mi bebé...

—Esta vez... —Repitió las palabras de su hija—. Mi bebé —continuó—. No sé si creerles —apretó el puente de su nariz—. Queda demostrado que Demyan te solapa muchas cosas y ni hablar de que ahora tengo que lidiar con todo lo que ocurre en esta casa.

—Es la verdad, puedes pedir las grabaciones. —Demyan intervino—. Nos movimos de sitio, porque un guardia pasó, pero...

—¿Un guardia? —Nadja se mostró confundida—. ¿Lo habían visto antes?

—Sí, es el guardia que siempre está vigilando el invernadero... bueno, lo he visto pasar algunas veces.

—Entiendo —se mostró un poco confundida—. Veré qué haré con eso...

—¿No le vas a decir al señor? —Demyan arrugó la frente—. Es porque debe saber todo y más porque es el jefe...

—No —sonrió con desgana—. Él no hará nada, como siempre.

Ambos niños se miraron entre ellos, antes de encogerse de hombros y prometer que no iban a salir de la habitación ese día. Nadja cerró la puerta con cuidado, colocándoles algún programa en la televisión con un pequeño horario para que lo llevaran al día. Se limpió las manos con el vestido y lo recogió un poco mientras caminaba hacia la cocina para terminar con las labores del día.

Anika, al estar enferma, le pidió de valor que le ayudara con algunas cosas y, al ser domingo, pues se le complicaba.

—¿Te coges con el jefe? —preguntó una chica sin rodeos.

—¿Qué? —Nadja dejó de lavar los platos al escucharla—. ¿Qué estás diciéndome?

—Todos aquí ya saben que tienes preferencia en todo el sentido de la palabra —mencionó otra chica y se dio cuenta de que eran las mismas de siempre—. Con eso de que tienes cosas distintas.

—¿Cosas distintas? —frunció el ceño—. No sé de qué me hablan...

—No te hagas la idiota —una tercera se metió—. Tus ojos son distintos y tu cabello también —enumeró la primera—. Y ni hablar de que tienes pecas en todo tu rostro; aparte de eso, dos niños...

El placer de corromperlaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora