Él no olvida, menos a un traidor.
Sin embargo, las deudas se pagan y más aún cuando llega a ese pueblo abandonado por Dios y se encuentra algo más que un traidor que se hace pasar un padre y a una mujer despreciada por todos y que está dispuesta a...
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Le echó agua a unas rosas que estaban saliendo por primera vez y sonrió al verlas tan sanas. Las construcciones en esa área se acabaron y ya podía respirar aire fresco.
Tenía el cabello recogido en un moño alto; sin embargo, dos mechones caían sutilmente en su rostro, dándole un toque único a su rostro lleno de pecas.
Se metió en el pequeño espacio que daba a su oficina cuando escuchó su celular sonar y se limpió las manos en el proceso.
Frunció los labios al ver un mensaje de Jadiel y a los pocos segundos una llamada de él. Había pasado una semana completa desde que todo estaba bien... o eso pensaba, ya que no habían vuelto a estar juntos y, según Jadiel, debían esperar esos cinco días de abstinencia, por el hecho de que todo se hizo sin que su ciclo llegara y un condón él no usaría...
—¿Hola? —ella se aflojó un poco el moño—. ¿Sucede algo?
—Se dice: ¿Hola, esposo? ¿Qué tal tu día en el trabajo? —Jadiel se exasperó—. ¿Me traes regalos?
—¿Ya me vas a traer mi helado? —Ella tomó asiento detrás del escritorio—. Me debes muchos helados...
—Todavía no los consigo del todo, pero te llevaré tus helados más tarde como la vez pasada —le informó el mafioso—. Y espero que las plantas hayan llegado en perfectas condiciones...
—Sí, las estoy cuidando todas. —Nadja dejó caer su mejilla en la madera—. Las clases de idiomas son difíciles... ¿Cómo es que hablas tantos idiomas?
—Hablo los idiomas necesarios como para saber quiénes me mienten. —Jadiel suspiró—. No pedí que ustedes hicieran lo mismo...
—Natacha trajo a esos profesores a casa y dijo que los niños podrán ir a la escuela este mes. —Nadja movió sus dedos en la superficie—. Ya podrán conocer a otros niños...
—Las terapias han ido bien, los medicamentos para Demyan funcionan y ya no tiene esa misma palidez de antes —el mafioso se aclaró la garganta—. Supongo que sería bueno llevarlos a conocer la escuela donde estarán por los próximos meses.
—¿Y cuándo podré salir yo de la casa?
La única respuesta que recibió por parte del mafioso fue un suspiro y terminó la llamada antes de que él le dijera algo.
Dejó el teléfono en el escritorio, ignorando las llamadas de este. Cada vez que le preguntaba acerca de cuándo podía salir, era lo mismo. La alegría con la cual ella se había despertado ese día se le fue y solo pudo quedarse concentrada en podar sus plantas, regar una que otra que veía medio moribunda y quedarse ahí hasta que fuera su turno en la terapia.
Se quitó el delantal una vez que aseguró todo en el invernadero y ladeó la cabeza al ver que ahí había una flor marchitándose y ni cuenta se había dado.
Le roció un poco de agua y, como iba a regresar más tarde, se dispuso a cerrar todo, manteniendo la temperatura en algunas áreas.
—Buenas tardes —Nadja saludó a la psicóloga—. Supongo que ya me toca...