Capítulo 22

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Su boca se abrió de una manera que parecía estar ahogándose

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Su boca se abrió de una manera que parecía estar ahogándose. Ella entendía bien lo que dijo de sus labores matrimoniales... Era un pago por lo sucedido ese día con sus hijos en la feria. Fue un día grandioso, para no decir que el mejor, luego de haber salido de ese pueblo. Jadiel no se movía de su lugar; más bien estaba muy cerca y su aliento lo podía sentir más de lo necesario.

—Yo no recuerdo haber dicho eso —murmuró pasando saliva en seco—. Creo que es mejor ir a dormir.

—Eso sí que no. —Jadiel ladeó un poco la cabeza y miró sus labios entreabiertos—. ¿En tus libros no aparece la parte de las labores matrimoniales?

—No, esa palabra ni existe en mis libros —se echó un poco hacia atrás por los nervios—. Son deberes matrimoniales...

—Eso que dijiste es justamente lo que debemos completar. —Él dejó sus manos a cada lado de su cuerpo, poniéndola más nerviosa—. Es algo que hacen mucho en esos libros eróticos que compré...

—¿Usted es quien dejó esos libros en la biblioteca? —Nadja se encontraba realmente sorprendida ante lo que él le acababa de decir—. Es que...

—Ni modo que haya sido alguien más que te los haya comprado —Jadiel enarcó una ceja—. Dijiste que éramos esposos...

—Eso fue antes en la feria y fue por un día...

—El día todavía no termina. —Él bajó la mirada hacia los labios de la chica—. Espero que estés dispuesta a cumplir con lo que dijiste...

—Ya le dije que yo no he dicho nada, no sé de dónde saca esas cosas fuera de lugar —musitó más roja de lo normal—. Es hora de dormir...

—Pero si hasta me dijiste que era un hombre infiel... —Jadiel fingió estar decepcionado—. Incluso, les dijiste a todos que ibas a pedirme el divorcio...

—Era mentira...

—¿Y si fuera de verdad, me pedirías el divorcio por unos libros? —Él estiró su mano para quitarle el cabello del cuello y echárselo hacia atrás—. Eso es caer muy bajo.

—Sí, se lo pediría sin pensarlo dos veces —respondió sin rodeos—. Ahora imagine estar todo el día encerrada en una casa, sin poder salir ni a la esquina, y que de repente el esposo diga que le quitará los libros. Eso merece un divorcio.

—Lees demasiados libros...

—Es con lo único que puedo entretenerme cuando estoy en mis horas libres. —Nadja, con algo de timidez y por primera vez, tocó de manera segura los brazos de Jadiel—. Hoy usted mostró mucha piel y las personas se le quedaron viendo.

—¿Y te sentiste celosa? —Jadiel se enderezó un poco—. Lo pregunto por tu manera de hablar...

—No lo sé —se mordió el labio—. Usted es muy guapo y llama mucho la atención de las personas...

El placer de corromperlaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora