Capítulo 47

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Jasha subió las escaleras que daban al tercer piso, aprovechando que su hermano estaba fingiendo estar casi muriéndose solo para llamar la atención de Nadja

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Jasha subió las escaleras que daban al tercer piso, aprovechando que su hermano estaba fingiendo estar casi muriéndose solo para llamar la atención de Nadja. Aunque esa parte de la casa anteriormente pertenecía a William, Jadiel hizo remodelaciones notables en cada pasillo. Abrió algunas puertas, encontrando de lleno el gimnasio personal de este y enarcando una ceja al ver que tenía una pantalla en donde se suponía que debía estar el espejo.

Aunque lo más seguro es que lo usara para otras cosas y no precisamente para vigilar a su personal.

—Seguro le preguntó a Kiral —se dijo a sí misma—. Malditos locos los dos.

Dejó todo tal cual estaba y quiso abrir otras puertas, pero ambas estaban cerradas con seguro, excepto dos que se encontraban en el otro pasillo. Su boca cayó al piso al ver que era un cuarto de juegos en la primera habitación; mejor dicho, eran dos habitaciones en una.

Encendió las luces por completo y notó dos áreas de juegos. Juguetes en sus respectivos lugares, perfectamente divididos tanto en el área de las niñas como en el área de los niños. Aun así, hubo un peluche que le llamó la atención, puesto que era el único ahí. Lo tomó en sus manos y lo escaneó.

Las comisuras de sus labios se elevaron, porque sabía de dónde salió ese dichoso peluche. Era uno de esos que vendían en las tiendas de segunda mano o en las ferias. Si sus cálculos no estaban mal, las ferias de juegos en Moscú se celebrarían el primer sábado del mes.

—Este se perdió y no se dio cuenta —llevó una mano a su vientre al sentir dos patadas—. Hasta ustedes dos lo saben.

Dejó el peluche en su lugar y vio unos iPad en una mesita y tomó la que se suponía que era de la niña. Apretó los labios cuando, después de unos pocos minutos, se dejó ver el fondo de pantalla después de encendido y lo que tenía ahí era una foto de su hermano con esa niña y otra de ellos cuatro juntos. Vio que el peluche aparecía en la foto y eso le llenó más de confusión porque se suponía que Nadja llegó a principios de año y detrás de ellos se podía ver que estaban en una feria.

Dejó todo como estaba y fue al área de Demyan, en donde se encontraban algunas cosas similares a las de Leyna. Un largo suspiro salió de su boca al terminar de darse cuenta de que su hermano no tenía remedio alguno y que posiblemente no quería tampoco dar marcha atrás. Apagó las luces después de echarle un ojo a toda la habitación y siguió viendo qué más había y llegó a lo que parecía ser la biblioteca.

Recordó que anteriormente, durante esos días, ella vio a su hermano con algunas cajas en la entrada, pero de noche y, aunque no pudo ver en su momento, ahora veía esas cajas y esos estantes llenos de libros.

Su hermano había hecho muchas cosas sin darse cuenta.

—Maldito imbécil —dejó todo tal cual estaba—. Vamos a bajar al primer piso a molestar a su futura tía —acarició su vientre—. Todavía faltan tres más... —Las gemelas le dieron una fuerte patada—. Mentira, ya no faltan más bebés.

El placer de corromperlaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora