Él no olvida, menos a un traidor.
Sin embargo, las deudas se pagan y más aún cuando llega a ese pueblo abandonado por Dios y se encuentra algo más que un traidor que se hace pasar un padre y a una mujer despreciada por todos y que está dispuesta a...
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Nadja apretó los labios, sentándose con toda la calma del mundo, ya que la única que estaba limpia o al menos físicamente, era ella. Jadiel, en cambio, estaba manchado y la única ventaja que tenía era que tenía su saco colocado y las luces bajas de la habitación, gracias a las pantallas que mostraban la caza.
Jadiel le había alcanzado una manta, pero sabía que la usaba para que nadie viera sus cicatrices, puesto que parte de su maquillaje estaba corrido en algunas partes y esas cositas molestas se notaban. Aunque este siempre le decía que no había nada de imperfección en esas cicatrices, ella siempre se encontraba tratando de mantenerse fuera del escrutinio de las personas.
—Me vengaré por esto —le susurró el mafioso en el oído—. No se quedará así.
—Sí, ya quiero ver cómo harás para vengarte de mí.
Nadja se encogió de hombros y se ajustó un poco mejor la manta sobre sus hombros.
—Ratoncito —silbó uno de los cazadores con un hacha en las manos—. Ya te vi correr por aquí y, por lo que huelo... —Exhaló un poco del aire—. Has orinado a más no poder... estás demasiado cerca.
No podía reconocer la voz de la persona, pero Jadiel a su lado parecía estar muy calmado, más todavía cuando colocaron una botella de vino frente a él y, como si nada, se le fue sirviendo. Los hombres a su alrededor se veían extasiados, eufóricos y ni hablar de que esa noche muchos iban a morir para su disfrute.
Saltó en su lugar cuando todos gritaron al ver que una cabeza rodaba y el hombre que antes tenía el hacha levantaba sin más la cabeza y le quitaba la máscara.
—No, no, no —uno de los socios, que si no mal recordaba era Iván, golpeó la mesa—. ¡Maldito hijo de puta! —gritó enfurecido—. ¡Mataste a mi hijo!
Jadiel le dio un sorbo a su copa de lo más calmado, mientras que la habitación se quedó en completo silencio ante tales acusaciones tan fuera de lugar. Sin embargo, ella conocía los gestos del hombre a su lado y sabía que Jadiel ya tenía conocimientos de quién era esa persona en realidad.
—¿De qué hijo me estás hablando? —Jadiel dejó la copa con calma en la mesita que todavía no habían quitado de su alcance—. No tenía conocimientos de que tenías un hijo por estos lares y menos que estuviera trabajando para mí.
Iván pasó un trago duro cerrando la boca de golpe. Jadiel sonrió con burla y ella se encogió un poco más, sabiendo que lo que ese hombre dijo era un punto en su contra realmente.
—Tú...
—Los que están ahí en ese bosque son los mismos que en su momento fueron mis empleados, me traicionaron o le hicieron algo a mi familia —el mafioso ladeó un poco la cabeza—. El hecho de que me digas ahora que tienes un hijo es mucho más de lo que puedo pensar, ya que todos los que están aquí en esta habitación y los que están ahí...