Él no olvida, menos a un traidor.
Sin embargo, las deudas se pagan y más aún cuando llega a ese pueblo abandonado por Dios y se encuentra algo más que un traidor que se hace pasar un padre y a una mujer despreciada por todos y que está dispuesta a...
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Se sentó en la tapa del retrete llevándose ambas manos al rostro cuando supo que metió la pata hasta el fondo cuando dijo que ella era uno de los regalos que tenía preparado para el mafioso. Quería desaparecer por completo por ser tan idiota y dejarse llevar por el momento.
Negó con la cabeza antes de mirarse en el espejo que tenía a un lado y supo que no podía echarse para atrás por más que cesara de hacerlo. El cambio en su cuerpo era notorio; su rostro sutilmente maquillado dejaba ver por encima del labial que fue besada por el mafioso.
Demasiadas mujeres a la espera de que ella cometiera un error para caerle encima al mafioso y no iba a estar permitiendo esa clase de cosas.
Meditó por un par de minutos antes de salir del baño y caminar por el pasillo que daba al salón. Trató de localizar a Natacha por algún lado, pero nada pasó. La mujer desapareció como si nada y eso la puso en alerta.
—Buenas noches —una chica se apareció con otras y la recordó como la que anteriormente andaba discutiendo con su padre—. Debes ser Nadja.
—No creo que sea difícil saber qué soy. —Nadja sonrió sin mostrarle los dientes—. Soy demasiado única como para que me confundan con otras.
—Muy cierto —ella la miró de arriba hacia abajo—. Soy Sarah Kiselyova —extendió su mano para que ella le saludara—. Mucho gusto.
—Yo no puedo decir lo mismo ahora —omitió el gesto de la mujer, dejándole la mano extendida—. Los rumores corren rápido y sé que estás aquí debido a que deseas casarte con mi novio...
—No sé de qué me estás hablando...
—Conmigo no tienes por qué hacerte la que no sabe ni dónde está parada. —Nadja se encogió de hombros—. Vamos a evitarnos los inconvenientes, por el hecho de que espero que te haya quedado claro y también a los presentes que él y yo estamos juntos.
—Bueno...
—Bueno nada, Sarah —dio unos pocos pasos hacia ella, aunque, a pesar de que su altura era mucho menor, debía mostrarse fuerte—. No me hagas repetir las cosas, porque la única persona que puede salir perjudicada es su padre.
—¿Me estás amenazando...?
—Solo es una advertencia —observó a las otras chicas—. No quiero que me pongas a prueba.
—¿Crees que eres alguien especial...? —Sarah se burló—. Jadiel es conocido por ser un hombre que no se anda con rodeos, mucho menos con una sola mujer...
—Ups —hizo una mueca de burla—. ¿Cuándo fue la última vez que lo viste con una mujer? —cuestionó con ironía y Sarah se quedó en silencio—. Justamente cuando entré a su vida, así que si lo has visto con su madre, eso no cuenta porque al final del día soy con quien él se queda —pestañeó varias veces—. Ahora bien... —Se hizo a un lado—. Si quieres demostrar que eres importante, te dejo el camino libre.