Capítulo 44

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Ella jugaba con sus dedos de manera nerviosa; no cabía duda de que Jadiel podía mandarla a matar por darle tremendos golpes

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Ella jugaba con sus dedos de manera nerviosa; no cabía duda de que Jadiel podía mandarla a matar por darle tremendos golpes. Erik estaba echándole el ojo a la herida de la cabeza y Jadiel lo único que hacía era quejarse de todo el toque. Sus nervios estaban más para el otro lado que con ella, por lo que en cualquier momento se iba a desmayar.

—¿Va a estar bien? —Nadja se impacientó—. ¿Fue muy duro el golpe?

—Estará bien —Erik suspiró—. El golpe que le diste casi lo deja con una contusión, pero va a sobrevivir.

—De acuerdo —ella asintió—. Tengo que irme entonces...

—No, no —Jadiel se llevó una mano a la cabeza—. Me siento muy mal en este momento...

—Erik acaba de decir que no tienes nada en la cabeza... —Frunció el ceño—. ¿No es mejor llamar a un doctor?

—Opino lo mismo. —Erik miró a Jadiel y este le apretó la mano—. Pero creo que es mejor que te quedes con él por esta noche...

—Yo no puedo... —Ella negó varias veces con la cabeza—. Tengo que ir con mis hijos y...

—Serán unas horas, hasta que él se quede dormido.

Nadja pasó un trago duro y miró a Jadiel antes de asentir. Se sentía tan culpable que ya ni sabía si era cierto o mentira que él estuviera en ese estado por su culpa. Erik, antes de salir, le dijo que llamaría al doctor en la mañana si él no tenía algún tipo de mejora.

—En verdad siempre me golpeas con mucha furia. —Jadiel entrelazó los dedos en su abdomen—. A veces siento que me odias solo por respirar el mismo aire que tú.

—Al menos ya tienes conocimiento de que su rostro me da deseos de querer golpearte todo el tiempo. —Ella se mantenía a una distancia prudente—. Ya estás bien, tengo que ir con mis hijos...

—Dijiste que serías mi enfermera... —Jadiel frunció un poco los labios—. Y no me has dado los besos que dijiste...

—Tengo dos hijos que atender y no dije que te daría besos —arrugó la frente—. Aparte de eso, no estoy de la manera más presentable en este momento...

—Estás muy bien. —Él le dio unas palmadas a su lado en la cama—. Ven.

—No...

—Sí, dijiste que me ibas a cuidar. —Jadiel se encogió de hombros—. No sé cómo la gente que lee la Biblia todos los días puede ser tan cruel...

—Lo lamento...

—Ven, siéntate aquí conmigo —volvió a pedir él.

Nadja torció un poco los labios antes de ir hasta el lado de la cama donde Jadiel estaba. Se quitó el calzado al ver la mirada que este le dedicó cuando se sentó un poco más cerca de él.

—¿Tengo la cara muy hinchada?

—Sí, y lo siento mucho —jugó con sus dedos—. Yo estaba muy enojada; por esa razón es que te golpeé...

El placer de corromperlaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora