Él no olvida, menos a un traidor.
Sin embargo, las deudas se pagan y más aún cuando llega a ese pueblo abandonado por Dios y se encuentra algo más que un traidor que se hace pasar un padre y a una mujer despreciada por todos y que está dispuesta a...
¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.
Nadja dejó la comida sobre la mesa para que sus hijos pudieran iniciar; aun así, se quedó expectante al saber que Leyna, en la primera sesión con la psicóloga, como en la segunda de ese día, se había quedado fuera a la espera de que su hermano saliera.
No dijo nada; supuso que se debía a que, al ser una desconocida para ellos, solo querían cuidarse.
—¿Les gusta la señora que viene a ayudarnos? —Nadja tomó asiento en la mesita—. Saben que pueden pedir el cambio siempre que quieran...
—¿Y a ti te gusta que ella esté aquí? —Demyan tomó una servilleta—. ¿No te ha hecho algo?
—No hay razón para que ella me haga algo. —Nadja lo miró un poco confundida—. ¿Por qué lo dices?
—Por nada malo, mami. —Él se encogió de hombros—. Leyna dice que si ella nos hace algo, su bebé nos ayudará.
—Ya le he dicho que ese animal no puede entrar a la casa... están rompiendo las reglas —suspiró apretando el puente de su nariz.
—Pero si tú las rompes todos los días cuando sales al bosque —Leyna frunció el ceño—. ¿No es así?
—Son cosas diferentes —se defendió—. Soy la adulta aquí y no entiendo cómo ese tigre dejó que su hijo se quedara contigo.
—Es que vio la luz que irradio, mamá —su hija rio—. Nadie puede con tanta luz de armonía y paz...
—Soy tu madre y lo que menos tienes en tu vida es amor, paz y armonía.
Leyna se le quedó mirando llena de ofensa a su propia madre, la cual le restó importancia al asunto al encogerse de hombros. Comieron con completa calma en la cocina, sabiendo que después de lo que pasó antes de la salida de Jadiel, esas mujeres ya casi no hablaban con ella; mejor dicho, la única que le dirigía la palabra era Anika y la pobre ni sabía qué hacer con su vida, ya que pronto iniciaría nuevamente la universidad.
Ese día, los niños y ella tomaron sus terapias, sus clases e hicieron algunos ejercicios que ambas mujeres les dejaron. Sin embargo, no había recibido una llamada de Jadiel, por lo que él ya a esa hora tenía que estar de viaje o viéndolos por las cámaras de seguridad. Una de las cosas que más amaba de su trabajo era cocinar y pasar tiempo en el invernadero, el mismo que ya tenía otros colores y que pronto esperaba comer algún fruto o vegetal de ahí.
—¿Podemos ir arriba? —Leyna levantó su manita—. Mi bebé hoy no va a venir.
—¿Y no has pensado ponerle un nombre? —ella sacó algunos frutos de la nevera—. Se nota que ese tigre te quiere mucho y hasta se parece a ti.
—Ya le puse mi bebé, y así se quedará con el nombre —Leyna se encogió de hombros—. ¿Cómo que se parece a mí?