Capítulo 12

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Movió su tobillo de un lado a otro, tratando de que el dolor no fuera tan persistente, pero le era imposible

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Movió su tobillo de un lado a otro, tratando de que el dolor no fuera tan persistente, pero le era imposible. Tenía trabajo por hacer y quedarse en la cama no era una opción aparente. Luego de que Jadiel le echara en cara que no estaba haciendo su trabajo, prefirió mejor ayudar en la cocina, pero le era difícil porque no sabía muy bien la dieta que Natacha llevaba.

Sus hijos estaban en la habitación desayunando, ya que había decidido que era mejor que lo hicieran ahí por un tiempo. Las chicas, a pesar de que eran nuevas, no la veían con buena cara y prefería callar que molestar.

—Este es el desayuno de la señora —Anika le fue colocando los platos en una bandeja—. Ella me pidió que te dijera todo y, como eres quien la atiende, espero que tengas tiempo para seguir trabajando en el invernadero.

—El señor así lo pidió y tengo que seguir sus órdenes, aunque no lo desee —hizo una mueca—. ¿Sabes los detergentes que ella usa?

—Mi hermano me pidió que te hiciera una lista con todo —le susurró Anika—. Ve, llévale el desayuno a la señora. Después sube a su habitación a limpiar.

Asintió y tomó la bandeja justamente cuando un grupo de chicas entró con las de ellas vacías. En su tobillo no tenía fracturas, pero la vergüenza que pasó la noche anterior era tan visible que, si miraba a Jadiel, seguro este le daría un buen golpe por su osadía de decirle que no le gustaba su perfume. Entró al comedor y el olor del perfume que Jadiel usó la primera vez que se vieron a la cara llegó a sus fosas nasales.

Ya eso era un avance.

—Buenos días —hizo una pequeña reverencia.

—Oh, cariño —Natacha se llevó una mano al pecho—. Se supone que debías estar en descanso por lo de tu pierna.

—Es mi trabajo —fue dejando los platos donde Anika le explicó antes—. Buen provecho... —No se atrevía a mirarlo—. ¿Desea algo más?

—¿Y los niños? —preguntó la anciana, dejando que ella terminara de colocar los platos—. No los veo por aquí.

—Los niños están bien —sonrió con sinceridad—. Los dejé en su habitación desayunando y se quedarán ahí por el resto del día, en lo que trabajo en el invernadero —colocó el último plato.

—Di la orden de que ellos podían estar en la cocina con los otros empleados...

—Prefiero que estén en la habitación comiendo tranquilos en lugar de que los miren mal. —Ella abrazó la bandeja vacía mientras le respondía—. Son niños, hacen preguntas y, por si fuera poco, son los únicos en la casa.

—¿Qué estás tratando de decir? —Jadiel se limpió los labios—. ¿Mis órdenes no valen para ti?

—Jadiel...

—Silencio, abuela —le ordenó a Natacha y ella torció los labios, ya que odiaba que le dijera de ese modo—. Te hice una pregunta.

—Nunca dije que sus órdenes no fueran seguidas. —Nadja apretó un poco la bandeja—. Siempre hemos estado alejados de todos. Prefiero que ellos se queden en su habitación leyendo un poco y viendo televisión en lo que termino en el invernadero. Los químicos de ahí son potentes para ellos.

El placer de corromperlaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora