Él no olvida, menos a un traidor.
Sin embargo, las deudas se pagan y más aún cuando llega a ese pueblo abandonado por Dios y se encuentra algo más que un traidor que se hace pasar un padre y a una mujer despreciada por todos y que está dispuesta a...
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La chica se calmó unos minutos más tarde; no cabía duda de que estaba en serios problemas, por lo que fácilmente Jadiel iba a castigarla por lo que acababa de hacer. Era la primera vez que recibía un abrazo de alguien y no precisamente de la forma sexual como Leo hacía.
Recordar sus malas noches con ese sujeto le daba escalofríos, al punto de que se separó lentamente del mafioso, el cual estaba un poco shockeado por lo que hizo sin su consentimiento...
—Siento mucho haberlo golpeado, señor. —Nadja se limpió las mejillas con la palma de las manos sin mirarlo—. No volverá a ocurrir y, si quiere castigarme, lo entenderé.
—¿Qué más te dijo sobre Demyan? —Jadiel omitió el hecho de que la chica pensaba en un castigo—. ¿Alguna cura?
—No tiene cura —ella se cruzó de brazos y movió su pierna, continuando sin mirarlo—. Yo no tengo esa enfermedad, ni siquiera sé exactamente cómo es... Nunca lo había leído y Leo tampoco me comentó algo.
—¿Crees que él la tenga?
—¿Leo? —ella levantó la mirada—. ¿Cómo es que la tendría?
—Bueno, si te dijeron que es hereditaria...
—No sé nada —declaró—. Solo quiero estar con mis hijos y...
De la nada, comenzó a llorar otra vez. Escuchó la maldición del mafioso, y el grito que escapó de sus labios fue suficiente para que él rodeara el vehículo y la metiera en el asiento de copiloto. El mafioso entró en el asiento del piloto, indicándoles a sus hombres que abrieran la puerta principal y que nadie lo siguiera.
Ella miró hacia la entrada de la casa, dándose cuenta de que sus hijos la miraban, al igual que Natacha.
—¿A dónde iremos...?
—Ponte el cinturón —ordenó Jadiel saliendo de la casa a alta velocidad—. No quiero que después digan que no te cuido...
—Pero si nunca me cuida...
Ella apretó los labios cuando él giró su rostro hacia donde ella se encontraba y lo único que vio fue a una chica tratando de no ser castigada. Vio que estaban tomando un camino diferente al de la ciudad. Salir dos veces en un día de la casa era mucho y más cuando, en lugar de sentirse en libertad, se sentía como una prisionera con privilegios.
Sujetó con un poco de fuerza el cinturón de seguridad, viendo los hermosos árboles desaparecer de manera mágica, distinta a lo que se podía ver en el pueblo.
Nadja tenía los ojos brillosos de la emoción de ver algo muy diferente a lo que pensaba de los pueblos y de lo que leyó en los libros de historia que Leo le daba o cuando ayudaba a sus hijos en la escuela.
Era un sitio colorido, que tenía de todo un poco. Desde una farmacia abastecida hasta un enorme parque. El vehículo se detuvo en un estacionamiento al aire libre, y él sacó su billetera para pagarle al sujeto que estaba ahí para el cuidado de los autos.