Él no olvida, menos a un traidor.
Sin embargo, las deudas se pagan y más aún cuando llega a ese pueblo abandonado por Dios y se encuentra algo más que un traidor que se hace pasar un padre y a una mujer despreciada por todos y que está dispuesta a...
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La sintonía de las cosas que pasaban a su alrededor era la mejor del mundo. Ella amaba ver esos pequeños momentos de felicidad en sus hijos. Incluso sabiendo que el mafioso en verdad parecía estar todo el tiempo más en alerta que otra cosa. Anteriormente, había ido a un centro comercial un poco más reservado que ese, pero era elegante; sin embargo, ese centro comercial era demasiado grande y las tiendas eran igual de elegantes.
En un punto determinado, Jadiel decidió subir a Demyan a sus hombros, ya que el pequeño giraba demasiado su rostro por las personas que le pasaban por el lado y eso estaba poniendo ansioso a Demyan; por su enfermedad, no era bueno que su respiración fallara.
—¿Ahí estás bien? —Jadiel lo acomodó—. Ya no tendrás que asustarte.
—Sí, muchas gracias —respondió Demyan desde arriba.
Ella le sonrió a su hijo un poco, antes de tomar la mano de Leyna y dejarla en medio de Jadiel y ella. Su hija iba dando pequeños saltos que parecían ser más de mucha felicidad que otra cosa. Aun así, no pudo evitar mirar de vez en cuando al mafioso que observaba todo a su alrededor con cara de pocos amigos.
—Si no quería traernos a ver las cosas, debió decirme —le soltó de golpe, a lo que él la miró—. No es divertido salir y ver a una persona enojada todo el tiempo.
—Imagínate, vive estreñido todo el tiempo —murmuró Leyna—. Pero no importa, gastará mucho dinero en nosotros hoy y podremos decir que es nuestro papá.
—Esa niña necesita una sesión de terapia lo antes posible. —Jadiel se le quedó mirando—. ¿Es lo que les enseñas a tus hijos?
—Pues yo te recuerdo que somos padres de los dos —Nadja levantó dos dedos—. Las cosas se hacen entre ambos, porque no soy madre soltera —lo siguió tuteando—. La culpa no es mía solamente.
—¿Ahora soy el padre? —murmuró Jadiel, solo para ella—. ¿Eso quiere decir que eres mi esposa también? —sonrió ladino—. Porque en los libros dicen que...
—Siempre vives tergiversando todo —Nadja le reprochó—. Deja de hacer eso.
Él solo se encogió de hombros, antes de agacharse solo un poco y tomar a la pequeña cosa molesta en sus brazos para agilizar el paso. Todos ahí se le quedaban viendo con una devoción admirable. Con Demyan en sus hombros, Leyna en sus brazos y sosteniendo su mano al caminar, era el claro ejemplo de lo que a las personas les gustaba ver... un hombre cumpliendo con sus deberes de familia.
Entraron primero a una tienda que, por sus letreros, se notaba que era de juguetes... y no cualquiera... de esos caros que con verlos ya sabías que pasarías toda una eternidad pagando los retrasos de esos pagos inimaginables.
—Pueden ver todo lo que les guste. —Jadiel bajó primero a Leyna al piso e hizo lo mismo con Demyan—. De paso, tomarlos...
—¿Les va a comprar juguetes? —Nadja lo miró expectante—. Ellos tienen muchas cosas en la casa y...