Capítulo 50

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Nadja estaba sentada en la orilla de la cama viendo al mafioso vendarle los dedos con cuidado de no lastimarla; después siguió con sus rodillas, las cuales tenían raspones, y debía usar unas vendas que cubrieran la parte afectada y, por último, su...

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Nadja estaba sentada en la orilla de la cama viendo al mafioso vendarle los dedos con cuidado de no lastimarla; después siguió con sus rodillas, las cuales tenían raspones, y debía usar unas vendas que cubrieran la parte afectada y, por último, sus pies.

Leyna estaba acostada con la mejilla apoyada en la palma de su mano y vigilaba desde donde se encontraba a Demyan, el cual estaba durmiendo otra vez, y a Jadiel, para que no hiciera nada malo.

—Listo. —Él le colocó unas sandalias cómodas—. Aquí están.

—¿De dónde sacaste todo esto? —se atrevió a preguntar mirándolo ceñudo—. No es mi ropa...

—Hasta para ponerte algo que te compro haces tantas preguntas —se puso de pie—. ¿Qué me ves? —se dirigió hacia Leyna—. ¿No tienes una vida?

—Ando en modo guardia, no confío en una persona que de la noche a la mañana se sana de una herida. —Leyna sonrió—. ¿Verdad que su herida se sanó muy rápido, mami?

Nadja pestañeó varias veces sin saber qué decir, puesto que su hija tenía razón. Frunció el ceño y estiró su mano hacia el pecho del mafioso, justamente donde se encontraba la herida que ella le había hecho; sin embargo, Jadiel hizo una mueca y dejó salir un sonido lastimero, por lo que tuvo que alejarse rápidamente.

—Lo lamento —apretó la mano contra su ropa—. No volverá a ocurrir.

—Está bien. —Jadiel rodeó la cama para ver a Demyan—. Pueden dejarlo dormir y bajar a comer.

—Sí, está bien. —Nadja se puso de pie con cuidado—. Gracias...

—Sí, quiero ir a comer algo y que vean mi nueva ropa —Leyna se bajó de la cama—. Vámonos.

Nadja se giró hacia su hijo después de mirar a Leyna caminar hacia la puerta. Demyan todavía no había probado un bocado; sin embargo, su hijo necesitaba dormir debido a la medicación que anteriormente no había podido tomar. Lo acomodó bien en la cama y se dispuso a seguir a su hija hacia el exterior para que no pasara nada extraño o fuera de lo normal con Leyna.

—¿Vas a seguir enojada conmigo? —El mafioso dejó la puerta entreabierta por si Demyan se despertaba y no los veía—. Ya te dije que todo estaba bien.

—Está bien. —Nadja asintió—. No estoy enojada o algo parecido —se aclaró la garganta—. Digamos que deseo un momento conmigo misma; es todo.

—¿Pero por qué?

—Porque quiere y ya —Leyna respondió como si fuera lo más obvio—. Mi mamá está enferma, y ahora te tiene que cuidar...

—Adelántate un poco, cariño —Nadja le ordenó a su hija—. Bajaré en un momento.

Leyna se encogió de hombros e hizo lo pedido por su madre. Nadja suspiró y se giró hacia el hombre, chocando contra su pecho, ya que no lo había sentido en ningún momento detrás de ella. Tuvo que dar pasos hacia atrás para poder verlo bien y Jadiel mantuvo la distancia entre ambos.

El placer de corromperlaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora