CAPITULO 66

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SIGUE NARRADO EL DON

Solamente sonreí porque todavía no conozco bien a la chiquilla, lo que menciono Amín me tiene pensando, pero bueno, soy el Don y esta es mi casa. La chiquilla debe acatar mis órdenes. Con ese pensamiento salí para irme a mis negocios. Por varias horas estuve ocupado, cerré varios tratos con socios de otros países. Al regresar entre de largo hasta la sala donde deje mi celular encima de la mesa de centro y fui hasta la cocina para tomar una cerveza fría, estaba con antojo.

Eche a la basura la lata de cerveza vacía y salía de la cocina pensando en llamar a Mike, cuando escuche que hablaban, me acerque un poco más para ver de quien se trataba, entonces la vi, ahí estaba la chiquilla revoltosa hablando con mi celular y sin mi permiso. Tomo mi celular sin pedírmelo, le grite reclamándole y ella solamente lo tiró a un lado para salir corriendo y yo la seguí llamándola. Parecía una gacela subiendo esa escalera, yo resoplaba un poco porque ya no soy tan joven.

Amín asomó siguiéndome y preguntando

—¿Qué pasa Luiggi? ¿Por qué estás corriendo así? Te ves cansado, espera. No puedes hacer tanto esfuerzo, hombre

Me hizo sentar en un escalón para seguir preguntando

—¿Puedes decirme que paso?

Le dije todo lo que paso y Él para mi asombro se carcajeó como nunca, estaba rojo de la falta de aire por estar riéndose, yo lo observaba extrañado hasta que hablar

—Amín, espera, cálmate ¿por qué tanta risa?

Paro la risotada y me miro de frente para soltar

—Luiggi, no sabes en qué te has metido. Amanda no es fácil de domar, o por no decir, imposible

Respire hondo para seguir hablando

—Amigo, yo no soy cualquier persona, soy el Don, así que voy a ponerla en cintura, aunque tenga que usar mis métodos para los traidores

Amín soltó un gritito

—¡Noooo! Por favor. No le hagas eso. Ella jamás será traidora, loquilla si es, lujuriosa también. Bueno, a ella le gustan los lujos y...

Solté un exabrupto enojado

—¡No! ¡Nada de eso! Aquí debe de aprender a comportarse, a obedecer las reglas de esta casa.

Otra vez oí una risilla de Amín que después me ayudo a levantarme y llevarme a mi habitación, entramos y me acostó me saco el saco, la corbata, me aflojo el cinturón, me saco los zapatos y me tapo con el edredón diciendo alegre

—Descansa Luiggi, tranquiliza tu mente

Una persona entró preguntando

—¿Qué sucede? Luiggi mi amor ¿Qué te paso?

Amín se adelantó diciendo

—Amanda, eso pasa. Tomo el celular de Luiggi sin permiso para hablar con alguien y cuando Luiggi le reclamo salió despavorida, entonces aquí el señor que se pone a perseguirla, a esta edad haciendo tamaño esfuerzo

La esposa de Luiggi lo acuno entre sus brazos diciendo acongojada

—Mi amor ¿Cómo te pones a hacer estas cosas? Que te parece si me dejas a mí tratar de educarla, a veces entre mujeres nos entendemos

Luiggi la escuchaba con desconcierto y exclamo

—Mi amor, pero, esa chica es incorregible

Su esposa solamente le brindo una dulce sonrisa levantándose de su lado y diciendo con seguridad

SIEMPRE MI SUMISODonde viven las historias. Descúbrelo ahora