CAPITULO 57

17 2 1
                                        


NARRADOR

El Comandante Albert Guzmán al escuchar de que el narco Sarmiento estuvo por tomar a su esposa en la cama hizo que su hombría, su aura de Alfa posesivo reventara de celos, así que ni bien escuchó lo que refirió su esposa, se levantó furioso y salió como tornado de la sala refunfuñando palabras altisonantes. Todos oyeron la puerta, resonar de lo que la cerró con mucha fuerza, después el chirriar de las llantas de un auto

Como siempre Mike habló jocoso

—Pobre hombre, va a conocer al Alfa posesivo. Albert puede ser tranquilo, pero, sin alguien se atreve a tocar algo suyo, se transforma en un depredador, jajaja

Todos comentaban lo sucedido, mientras en un auto iba un esposo enamorado lanzando chispas y vociferando su rabia con palabras muy fuertes

—¡Hijo de puta! ¿querer acostarse con mi esposa? ¿con mi... esposa? (dentro de ese auto se escuchaba su respiración de toro embravecido) ¡Me la vas a pagar, maldito!

Recordó las palabras de su esposa "tuve que besarlo". Lanzo un grito enfurecido

—Osaste tocar los labios de mi mujer, solo de imaginarme que tocaste su piel suave, que la abrazaras, me enerva. Recuerdo esa maldita fiesta donde te vi bailar con ella, ¡la abrazabas, tocabas su cintura!

Ni cuenta se dio el momento en que llegó al edificio de las celdas de prevención. Prácticamente, saltó del vehículo en movimiento, uno de los guardias tuvo que correr para controlar al auto que quedo rodando todavía. Los otros guardias al ver a su comandante simplemente le abrieron la puerta. Todos notaron que estaba furioso, se miraban entre todos sin comprender nada. Los guardias lo veían pasar a toda prisa hacia abajo donde estaban las celdas de seguridad

Sus fuertes pasos se oían retumbar por todos lados, al llegar a la parte inferior, viro hacia la derecha donde estaba la celda del narco. Al llegar lo vio sentado en la cama agarrada su cabeza, tomó el mando electrónico y pulso un botón para abrir la puerta, esta hizo un peculiar ruido que hizo que Sarmiento volteara su rostro y observara el semblante furioso de su enemigo. Creyó en su mente que a lo mejor iba a interrogarlo, porque eso le habían anunciado un guardia que le trajo la comida anteriormente. El comandante Guzmán dio dos pasos para adentro y volvió a pulsar el botón para que la puerta se volviera a cerrar. Ese sonido de clic al ponerse el seguro anunciaba lo que sucedería ahí dentro, algo que el narco, no se la esperaba

Sarmiento lo observo fijamente para soltar palabrotas en contra de su gran enemigo

—Vaya, vaya, hasta que al fin vino el cerdo cornudo, jajajaja

El rostro del comandante era aterrador, su cuerpo hervía de celos y más con lo que dijo el narco. Dio un paso adelante diciendo con voz gutural

—Mi esposa jamás se dejaría tocar de un maldito arrogante como tú

Las risas de Sarmiento se escuchaban ahí dentro. Quería humillar a su enemigo y se atrevió a insinuar burlón

—¿Estás seguro? ¿Cómo sabrías que miento? Tú no estabas ahí. Yo la besaba, lamia sus pezones, lamia ese delicioso co...

No termino de decir la palabra que el comandante se le lanzó encima a golpearlo mientras gritaba

—¡Hijo de puta!, mentiroso. Ella nunca dejó que la tocaras. Siempre quisiste poseerla y no pudiste

Sarmiento entre golpes recalcaba burlón

—Estoy seguro de que en una borrachera que tuvimos, le hice el amor, jajajaja

El comandante le dio un fuerte golpe en el vientre que hizo que el narco se doblara en posición fetal y se quejara del dolor, se levantó para hablar seguro

SIEMPRE MI SUMISODonde viven las historias. Descúbrelo ahora