CAPITULO 69

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NARRA EL DON

El más antiguo de mis hombres ingreso a mi casa para informarme de que traían a un hombre a las celdas por orden de mis hijos. Eso me extraño, pues, ninguno me llamo, simplemente le ordene que lo llevaran a la parte de abajo y lo encerraran, hasta la llegada de mis hijos y ver como se resuelve esto. Después estábamos mi esposa y yo deleitándonos, viendo una película cuando llegaron mis hijos con la chiquilla. Todo iba bien hasta que Amanda soltó una palabra que me hizo enfurecer: suegritos. Lo primero que se me vino a la mente es que mi hijo quizá le hizo algo o la obligo a hacerlo.

Sin embargo, la chiquilla dijo que Massimo se había portado como todo un caballero, lo elogio y por mucho, eso me gusto, pero mejor les pedí que me contaran todo lo que sucedió en la discoteca. Entendí todo y sugerí que Amanda eligiera el castigo para esa persona que le falto al respeto, su respuesta me causo una gran impresión. Bajamos todos a las celdas, el prisionero estaba realmente asustado y más cuando le informe que había agredido a alguien de mi familia

Comenzó a pedir perdón, sin embargo, yo no estaba para escuchar estupideces, llamé a algunos hombres que utilizo para castigar a mis enemigos. Les ordene que lo abusaran por donde más puedan y al final se deshagan de ese idiota. Creí prudente irnos todos, que no escuchen nada de lo que sucedería en esa celda.

Cuando estuvimos ya arriba, la chiquilla atrevida me soltó unas palabras de rebeldía, me causo gracia la actitud de esta malcriada, añadió palabras retadoras, me rei. Sin embargo llame a uno de mis hombres para que la llevara a su habitación, porque intuí que todavía estaba con la borrachera encima. Verla y oírla gritándole a mi hombre me hizo reír, lo golpeaba en la espalda, soltaba palabrotas hasta que se perdió al final de la escalera y lo que se la llevo por el pasillo hasta la habitación.

Mis hijos con una sonrisa me agradecieron la tremenda paciencia que tuve con Amanda, ahora tienen una amiga y quizá Massimo consiga pareja, aunque le salga una tigresa. Me senté en un sofá para esperar a mi esposa, ya que se fue acompañando a la chiquilla, a lo mejor para dejarla acostada y durmiendo en la cama

La película estaba pausada y me levante para ir a la cocina y tonar algunos aperitivos y bebidas para nosotros. Deje todo encima de una mesita y volví a sentarme, casi a la media hora regreso Karla con una sonrisa y decirme mientras se sentaba a mi lado para abrazarme

—Mi amor, Amanda ya se durmió y nuestros hijos también. Ahora ya tenemos tiempo para nosotros

La acune en mis brazos porque amo a i esposa, ella es mi todo, la dueña de mi corazón, de mi alma y de mi cuerpo. Tomo el control remoto para sacar la pausa, antes de que volviera a moverse la película me miro para susurrarme risueña

—Te amo

La besé con locura, por Dios que adoro a esta hermosa mujer, si algún día ella me faltase, moriría detrás de ella. Nos acomodamos para seguir disfrutando de la película, a veces nos reíamos, a veces suspirábamos. Cuando termino apagamos la televisión para quedarnos en las penumbras. besarnos con locura y nuestros "te amo" a cada momento. Se me ocurrió una idea, la ayude a levantarla del sofá y la cargue en mis brazos subíamos la escalera riéndonos, hasta que entramos a nuestra alcoba

Aprovechamos que todos dormían para hacer el amor, nuestros gemidos se escuchaban en toda la habitación. A mi esposa le hacía el amor con delicadeza, con amor, con deseo. Terminamos muy cansados y antes de dormirnos nos besamos mucho, hasta que la abrace de cucharita y ella movía su trasero haciendo que de nuevo mi anaconda se prendiera, sin embargo, el cansancio nos venció y nos dormimos así desnudos tapados con una sabana.

Amanda logró vengarse del atrevido que quiso aprovecharse de ella, el hijo del Don parece que se está enamorando de ella y la hija del Don la acepta como amiga. El Don se aguantó las malcriadeces de la traviesa. Aunque esta mujercita es tan imprudente que puede causar un gran disgusto que puede que le haga arrepentirse de su manera de ser

SIEMPRE MI SUMISODonde viven las historias. Descúbrelo ahora