Capítulo 24.

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Maratón 3/5.


─┈ꗃ ▓▒ ❪ act one ― chapter twenty-four. ❫ ▒▓


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Londres, buhardilla del segundo piso. Medianoche.


LA LLUVIA GOLPETEABA SUAVEMENTE EL tejado inclinado mientras el viento londinense susurraba contra los cristales empañados. En la penumbra de la habitación de los mellizos, la única luz provenía de una lámpara con pantallas de cristal color ámbar que lanzaba destellos cálidos sobre las paredes llenas de dibujos infantiles y garabatos encantados que se movían con lentitud.

Agnetha estaba sentada en medio de la cama, el cabello suelto cayéndole en ondas sobre los hombros, vestida con una camiseta oversize y unos pantalones de lino. Junto a ella, James y Jane, medio cubiertos por una colcha bordada a mano con constelaciones dibujadas, la miraban con los ojos muy abiertos, brillantes, como si cada noche fuese una promesa de descubrimiento.


― ¿Mami? ―susurró la pequeña Jane, acariciando su colgante, que nunca se quitaba―. El tío Nik me preguntó si podía enseñarle a volar. ¿Él puede volar?

Agnetha sonrió, rozando la mejilla de su hija con los dedos, y contestó:

―No, mi sol. No como tú piensas. Pero puede correr más rápido que cualquier lobo, y saltar tan alto que casi parece que sí.

― ¡Yo quiero correr como él! ―dijo James, incorporándose un poco para acomodarse en el pecho de su madre―, pero también lanzar fuego como tú.

―El fuego no es para jugar ―le corrigió Agnetha con dulzura, pero también con firmeza―, y tampoco es lo único que puedes hacer.

Entonces, extendió las manos frente a ellos. Un suave resplandor violeta brotó de sus palmas, danzando como luciérnagas encantadas. Las llamas no quemaban; eran cálidas, vivas, casi como un susurro del alma.

―La magia no siempre es luz, mis amores ―les dijo, en voz baja―. A veces... es sombra. Y aprenderéis a usar ambas, pero solo si vuestros corazones son fuertes.

― ¿Cómo el tuyo? ―habló Jane de nuevo, apoyando la cabeza en el regazo de la mayor.

Agnetha tardó un instante en responder, pensando bien la respuesta.

―El mío... está aprendiendo todavía.

Se hizo un silencio en la buhardilla. El viento sopló más fuerte, haciendo crujir la madera del techo.

― ¿Papá también tenía magia? ―se aventuró a preguntar James, de repente, con una voz bajita, como si tuviera miedo de decir algo malo―. Nuestro hermano Marcel dice que era una persona muy buena, y que te hacía feliz, mami.

A la híbrida no se le escapó una tímida sonrisa; debería agradecerle a Marcellus por haberles hablado de Murray cuando ella no se sentía preparada para ello. Cerró los ojos unos instantes, tranquilizándose. Al abrirlos, estaban húmedos y brillantes, pero no soltaban ninguna lágrima.

―Papá tenía magia en el alma ―comentó, respondiendo a su pregunta, mientras acariciaba sus rizos castaños―. No como la mía, tampoco como la vuestra. Pero su magia estaba en cómo cuidaba de su manada, en cómo me miraba como si fuese más que una bruja... más que una Mikaelson.

Los pequeños se acercaron más a su madre, uno a cada lado de ella, y Agnetha sintió como ese momento, diminuto pero eterno, quedaba anclado en su pecho para toda la eternidad.

― ¿Y por qué no está con nosotros? ―susurró Jane.

La matriarca tragó saliva; nunca les había mentido respecto a su padre y ahora no sería la primera vez, se lo prometió a sí misma cuando le vio muerto.

―Porque el mundo no siempre es justo, pequeños. A veces, las cosas más bonitas duran poco. Pero, cuando un alma como la suya se va... no desaparece. Él vive en vosotros, mis niños. Cuando James se lanza a correr sin pensar o cuando tú ríes, Jane, con esa risa que suena como música... ahí está él.

La pequeña asintió, conforme con la respuesta, mientras que James se acurrucó más cerca de su mamá.

―Sueño con él a veces, mami ―susurró el pequeño, con voz somnolienta―. Tiene los ojos como los míos.


Agnetha, ahí, no respondió. Lo único que pudo hacer fue abrazarlos a los dos, sintiendo cómo sus pequeños corazones latían contra ella, cada uno con un ritmo propio.... Pero también, profundamente conectados. Sabía que algo se acercaba. Lo había notado en el temblor de la tierra. En el modo en que su magia vibraba cuando cerraba los ojos., En cómo Klaus la había observado esa misma tarde, no solo como hermana... sino como posible aliada. O arma.

Y eso significaba una cosa: el tiempo de escondites se estaba acabando.

Besó a cada niño en la frente, uno tras otro, y dijo:

―Pase lo que pase, donde estemos, lo que seamos... nunca estarán solos. Porque yo estaré con vosotros. Y vuestro padre también. Por y para siempre.

― ¿Y si un día estamos muy lejos? ―preguntó Jane, casi dormida en los brazos de su madre.

―Entonces, la magia sabrá encontrarnos. Porque el amor que nos une, no entiende de distancias.


La lluvia seguía cayendo. Agnetha apagó la lámpara con un chasquido de dedos, mientras que los niños dormían. Ella permaneció despierta, mirando hacia la ventana.

Allí, en la oscuridad, su magia ardía. Silenciosa, paciente. Preparándose.




* * *

n/a. subiendo dos capítulos de la maratón seguidos porque ayer no pude estar, pero más encantada por el amor que está recibiendo últimamente imposible <3

¡quedan tres capítulos para terminar el primer acto! y va a salir elijah también, con el finalizará el acto. ¿qué os parecen los cambios? ¿las nuevas incorporaciones? ¿niklaus queriendo usar a los niños como armas? ¿lo hará? ¿o aggie se irá evitándolo así?


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