Capítulo 44.

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Maratón 2/5.


─┈ꗃ ▓▒ ❪ act two ― chapter seventeen. ❫ ▒▓


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TODO MYSTIC FALLS ESTABA CONMOCIONADO. La noticia de la muerte del alcalde Richard Lockwood había corrido como pólvora en la pequeña ciudad, dejando tras de sí un reguero de dudas, rumores y teorías que nadie podía confirmar. ¿Cómo era posible que el invento de Jonathan Gilbert, diseñado para debilitar y exterminar vampiros, hubiese afectado al alcalde, un hombre que a ojos de todos no era más que un humano común? La confusión aumentaba cuando se supo que Tyler, su único hijo, también se había desplomado mientras conducía hacia casa. Nadie entendía nada. Para los hermanos Salvatore era un misterio insondable pero, no para Agnetha ni para Katherine. Los Lockwood no eran simples mortales: arrastraban en la sangre la maldición del hombre lobo. Aunque el gen no estuviese desatado, su linaje los condenaba a compartir el dolor de aquel infernal artefacto.

El velatorio se celebró en la mansión Lockwood. Aquel lugar no era su favorito: demasiados recuerdos ligados a su antigua relación amorosa con Tyler, demasiadas heridas que todavía no habían cerrado ni sanado. Pero, nada de eso podía compararse con lo que sentía hacia Richard. Él había sido mucho más que el padre de su exnovio. Había sido un guía, un apoyo, casi un padre sustituto en momentos que ejerció a diferencia de Mikael. Había sido alguien la trató con respeto, con cariño sincero, incluso después de que su historia con Tyler se rompiera en pedazos.

Vistió de negro, como casi siempre, pero esta vez el color parecía tener un significado distinto. Sus pantalones de cuero ajustados y su chaqueta de piel la hacían destacar entre el mar de trajes sobrios y vestidos de luto. El repiqueteo de sus tacones resonaba en el suelo de mármol de la mansión como un recordatorio constante de su presencia ahí. Su andar firme contrastaba con la fragilidad que sentía en su interior. A ojos de los demás, era la misma mujer segura, fría, imposible de quebrar. Por dentro, sin embargo, cada paso la acercaba a un vacío que le resultaba insoportable.

Recordó, sin quererlo, un instante que compartieron dos años atrás.



Una tarde de verano en la que había acompañado a Tyler a un entrenamiento de fútbol. Richard estaba allí, de pie al borde del campo, con su porte elegante y la severidad que siempre mostraba al pueblo. Tyler había discutido con ella en el coche, enfadado por alguna nimiedad adolescente, y había salido furioso hacia el vestuario.

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