𝐏𝐎𝐖𝐄𝐑 | Esther siempre había odiado a una de sus hijas; ella supo, desde que nació, que sería la persona más poderosa que había conocido nunca. Y por ello, la maldijo, lentamente, hasta que se alejó de su familia, una vez les convirtió a todos...
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PASARON CASI DOS HORAS DESDE que Agnetha Mikaelson retiró el perchero de madera que atravesaba el pecho de su hermano mayor. El cuerpo de Elijah había permanecido inmóvil en el suelo, pálido y con ese tono grisáceo propio de los vampiros aparentemente muertos. Durante ese tiempo, la rubia se había sentado en los escalones, absorta en la pantalla de su teléfono móvil, dejando que la música suave del Candy Crush se mezclara con el silencio sepulcral de la casa. Pero nunca perdió la atención del todo: cada crujido de la madera, cada respiración tenue, estaba todo bajo su control.
Finalmente, el suspiro contenido llegó. Elijah abrió los ojos y el gris ceniza de su piel fue reemplazado por la tersura impoluta de su rostro habitual. Sus pupilas se enfocaron lentamente en la silueta de su hermana menor.
―Por fin despiertas, hermano ―murmuró Agnetha, guardando el móvil en su bolso. Sus labios esbozaron una sonrisa burlona―. Te gusta hacerme esperar, ¿eh?
Se acercó a él y le tendió una bolsa de sangre que había llevado preparada con ella. Como siempre, precavida. Elijah la tomó con la calma ceremoniosa que siempre le caracterizaba, aunque la necesidad en su mirada delataba su urgencia. Entonces, habló:
―Agnetha... ―susurró, antes de beber. Su mano acarició suavemente la mejilla de la menor, un gesto que contenía siglos de ternura y carga fraternal―. Tenemos que hablar.
No hubo réplica. Ambos hermanos abandonaron la casa en silencio y subieron al automóvil del mayor. Elijah condujo hasta las afueras de Mystic Falls, donde el bosque era más denso y la carretera menos transitada. El sol se escondía tras el horizonte, tiñendo el cielo de un rojo melancólico que parecía presagiar una tormenta. El silencio se rompió cuando Elijah comenzó a hablar con la solemnidad de siempre:
―Tengo a unos brujos trabajando conmigo. Quieren encontrar a Niklaus antes de que llegue al pueblo. Klaus está decidido a romper la maldición y Mystic Falls...
―Es el lugar donde la réplica ha nacido ―le interrumpió, rodando los ojos. Recargó el codo en la ventanilla, mientras observaba la luz menguante―. No voy a interferir en sus planes ―dijo, secamente―. Nik ya es lo suficientemente mayor para saber lo que quiere hacer. Y cualquiera que intente detenerlo terminará muerto... o con una daga en el corazón.
Elijah suspiró, como si hubiera anticipado esa respuesta. Agnetha apretó la mandíbula, incómoda. Una parte de ella odiaba estar siempre en medio, atrapada entre la férrea moralidad de Elijah y la ambición implacable de Niklaus.