𝐏𝐎𝐖𝐄𝐑 | Esther siempre había odiado a una de sus hijas; ella supo, desde que nació, que sería la persona más poderosa que había conocido nunca. Y por ello, la maldijo, lentamente, hasta que se alejó de su familia, una vez les convirtió a todos...
En este capítulo se incluye una escena smut/lemon, subida de tono y hace mención directa el sexo.
No es muy detallada, más bien no se ven los detalles como tal, pero si te sientes incómodx, te recomiendo que te saltes la última parte del capítulo y lo leas solo hasta que terminan los recuerdos.
─┈ꗃ ▓▒ ❪ act two ― chapter twelve. ❫ ▒▓
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EL AMANECER HABÍA QUEDADO ATRÁS pero, para Agnetha Mikaelson la noche no terminaba nunca. El beso con Stefan, el reencuentro de dos almas gemelas condenadas a encontrarse una y otra vez, había abierto una puerta que llevaba casi un siglo cerrada. Ahora lo tenía frente a ella, con los recuerdos retornados a su mente, y esa distancia artificial que los separaba había desaparecido para siempre.
Estaban en su mansión, la vieja pero reformada casa Mikaelson que olía a madera, a historia y a secretos. La chimenea iluminaba sus rostros, proyectando sombras que parecían cobrar vida a su alrededor. Stefan la miraba con una intensidad que la desarmaba, mezcla de confusión, deseo y dolor.
―Lo recuerdo todo ―comentó Stefan en voz baja, con el tono de quien confesa un pecado.
―Lo sé... ―respondió Aggie, sin apartar la mirada―. Siempre supe que cuando esos recuerdos volvieran, arderían como brasas.
Hubo un silencio cargado, hasta que sonrió con amargura. Varias fotografías reposaban sobre la mesa de madera del salón, justo delante de los sofás donde estaban sentados, acomodados.
―1864... te vi entrar en la casa Salvatore aquella tarde, con tu vestido azul y esa mirada desafiante que no se dejaba intimidar por mi padre. Yo era un crío como quien dice, pero tú... eras distinta ―le explicó, abriéndose por primera vez al confesar su primer encuentro, tal y como lo recordaba él―. Hasta Katherine te miraba con recelo.
Agnetha arqueó una ceja y soltó una carcajada, recordando la escena. El perfume de Katerina Petrova impregnando el aire, y los hermanos Salvatore fascinados por ella. Sin embargo, Stefan había desviado la mirada hacia la desconocida rubia de ojos claros que no parecía encajar en la rutina provinciana de Mystic Falls, prestándole toda la atención a la recién llegada.
―Me mirabas como si fueras capaz de ver detrás de mis máscaras ―replicó la híbrida, con un deje de ternura―. Y lo hiciste. Conseguiste conquistar mi corazón y yo... entonces ya sabía que eras mi alma gemela, pero no quería condenarte a esta vida. Solo buscaba protegerte, por eso te daba mi sangre.
―Ahí comenzó todo y fue también donde comenzó mi condena... ―musitó―. Pero, supongo que no me arrepiento tampoco... porque ahora podemos tener una eternidad para nosotros. Juntos.