𝐏𝐎𝐖𝐄𝐑 | Esther siempre había odiado a una de sus hijas; ella supo, desde que nació, que sería la persona más poderosa que había conocido nunca. Y por ello, la maldijo, lentamente, hasta que se alejó de su familia, una vez les convirtió a todos...
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EN SU FORMA LOBUNA, AGNETHAno duró más que unas cuantas horas. Cuando el sol amaneció de nuevo, la Mikaelson volvió a su casa, desnuda y deseando que nadie la hubiese visto de aquella forma. Se dio una ducha de agua caliente y es que, pese a que su cuerpo no diferenciaba entre el frío y el calor, parecía que los recuerdos en su mente se metían en su respectivo lugar. Todavía se sentía adolorida, pero lo que más le preocupaba era la magia.
¿La perdería? ¿O realmente la mantendría, como la Trihibrida Original que era?
Sin duda alguna, era una de sus principales preocupaciones. Después, seguían sus hijos, que empataban en la primera posición. Se los llevaría lejos durante el verano, no quería que se quedasen en Mystic Falls después de lo ocurrido; y se pensaría si volverían en septiembre, cuando el último curso empezaría. Había sido muy mala idea aceptar que estudiasen ahí, por lo que seguía dudando si volverían al pueblo donde pasó su infancia o les matricularía en otro centro, lejos de lo sobrenatural.
Terminó de asearse y se cambió de ropa, colocándose unos pantalones negros de campana y un body, parecido a la lencería, de color blanco. Contrastaban ambos colores perfectamente. Unas gotas de su perfume favorito y fue a despertar a sus hijos.
—Bebés, buenos días —habló, con esa voz tan dulce que la caracterizaba cuando se trataba de sus niños—. Quiero que preparéis una maleta cada uno con lo que os queráis llevar, estaremos todo el verano de viaje con vuestro tío Niklaus. Compraremos ropa nueva durante el viaje, lo prometo, y lo pasaréis bien.
Si bien no estaba diciendo la verdad al cien por cien, tampoco les estaba mintiendo. Estaba convencida que el siguiente paso en el esquema de vida de su mellizo era encontrar manadas para crear un ejército de híbridos, por lo que no sería tan mala idea acompañarle en su viaje mientras ella disfrutaba de la presencia de sus hijos, de su compañía y aprovechaban para realizar un viaje familiar.
Se aseguró que ambos estuviesen despiertos y hubiesen entendido, antes de abandonar su casa de nuevo. El primer lugar al que se dirigió fue al viejo apartamento de Alaric Saltzman, donde su hermano había estado durante las últimas dos semanas. Llegó en cuestión de minutos pero, por supuesto, no había vuelto. Entonces, se dirigió a la Pensión Salvatore, para despedirse.