Capítulo 41.

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─┈ꗃ ▓▒ ❪ act two ― chapter fourteen. ❫ ▒▓


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AGNETHA MIKAELSON NUNCA SE HABÍA sentido ajena a la traición, la conocía demasiado bien. Había visto a hermanos destrozarse entre sí, amantes romper promesas eternas, hijos darle la espalda a sus padres. La traición estaba grabada en sus huesos. Sin embargo, esta vez ardía más que nunca porque, después de todo lo que había hecho, después de devolverle a Stefan recuerdos que había enterrado durante décadas, después de ofrecerle la eternidad de nuevo, él volvía a dejarle claro que, llegado el momento, Elena Gilbert siempre sería su prioridad. Y a Agnetha, que jamás olvidaba ni perdonaba las traiciones, le hervía la sangre.

Unos días atrás, Damon y Agnetha habían encontrado aquel artilugio maldito que Jonathan Gilbert había inventado en los tiempos de los fundadores de Mystic Falls, un ingenio asquerosamente brillante creado para atrapar vampiros, un dispositivo que emitía un zumbido tan agudo que podía destrozar los sentidos de cualquier criatura. John Gilbert ya había advertido que lo usaría durante el Día de los Fundadores y Agnetha lo conocía lo suficiente como para saber que no era una amenaza vacía. Y lo dejaron en manos de Bonnie Bennett, muy a su pesar. Como Stefan insistió en que se podía confiar en ella, lo dejaron en sus manos.

"Si algo les pasa a los Salvatore o a mí..." susurró, con esa sonrisa cruel que era el perfecto reflejo de la sonrisa malvada de Niklaus "créeme, brujita, que perder tus poderes será el menor de tus problemas."

Al mediodía, todo el pueblo se engalanó para el desfile. Bandas de música, banderas, flores, sonrisas. El aire estaba cargado de alegría impostada. Caroline Forbes, recién coronada como Miss Mystic Falls, encabezaba la carroza con su sonrisa radiante y el tema de la batalla de Willow Creek, recreado con trajes de época que la propia Agnetha había puesto a disposición de la reina. Todo salió a la perfección pero, la Original no se dejó engañar: sabía que aquello solo era un velo. Mystic Falls siempre era igual, la cuna del horror disfrazado de idilio.

Cuando el sol se ocultó, el ambiente cambió. La música se mezcló con el murmullo inquieto de la multitud. Agnetha buscaba a Damon, fastidiada porque Stefan había desaparecido... una vez más con Elena.


―Por fin te encuentro ―bufó la híbrida―. Tu estúpido hermano me dejó de lado para irse a proteger a vuestra doppelgänger, así que tú pasarás la noche conmigo, amigo.

Damon arqueó una ceja, burlón. Y respondió:

―Será un verdadero honor, amiga ―la burla era notoria en su tono de voz, lo cual no le sorprendió a la mujer―. ¿Por qué no vas a por unas copas? En cinco minutos nos encontramos aquí mismo.

Cruzó el parque y encontró a Caroline tambaleándose, ebria, hasta el punto de desplomarse en sus brazos. Entre reproches a Matt y Tyler, se aseguró de que la llevaran a casa y, por fin, pudo servirse un bourbon. Apenas dio un sorbo cuando lo escuchó. El zumbido. Agudo, lacerante, como cuchillas entrando por sus oídos. El maldito aparato había sido activado. El vaso se rompió contra el suelo cuando salió disparada a velocidad vampírica, abriéndose paso entre la multitud hasta alejarse de la plaza central del pueblo. Allí, encontró a Stefan, Elena y Alaric.

―Es el maldito invento ―jadeó, llevándose una mano a la cabeza―. Llévate a Stefan de aquí antes de que sea demasiado tarde.


El dolor era insoportable pero, se mantuvo en pie. Ella era una Mikaelson: mitad bruja y mitad vampiro, pero también con ese gen de lobo dormido. No caería tan fácilmente. Elena arrastró a Stefan mientras Agatha se aferraba al brazo de Alaric para no desplomarse ahí mismo. Cada paso que daba, sin embargo, la debilitaba más. Los vampiros de la tumba caían uno tras otro, capturados por los policías que los inyectaban con verbena. Y, entonces, lo vio. John Gilbert arrastraba a Damon, inconsciente, hacia el lugar donde los apelotonaban.

― ¡Damon! ¡No!

El grito de Agnetha desgarró la noche. Las lágrimas brotaron, furiosas, ardiendo en sus mejillas. Juró que lo mataría, que arrancaría el corazón de John Gilbert con sus propias manos. Nadie le quitaba a Damon, a su mejor amigo. Nadie.


El zumbido cesó pero, la furia de la Original desató algo peor. Sus poderes se descontrolaron, como una tormenta enfurecida. Ventanas estallaban en pedazos, los arbustos se arrancaban de raíz, los supuestos policías salían volando por los aires bajo el peso de su magia. Se plantó frente a John, que apenas tuvo tiempo de reaccionar. Con un movimiento seco, quebró su cuello. Fue entonces cuando Stefan apareció, dispuesto a frenarla antes de que masacrara el pueblo entero.

― ¡Aggie! ―exclamó―. ¿Te volviste loca? ¿Qué hiciste?

Se giró hacia él, con las venas grisáceas dibujadas bajo sus ojos. Sus ojos, enrojecidos, acumulaban lágrimas de dolor. Con la voz rota, entre lágrimas, bramó:

― ¡Sí! No es una novedad tampoco. Pero al menos yo no abandono a quienes me importan ―escupió como veneno, porque  él había antepuesto a Elena Gilbert por delante de su familia, y eso era algo que la híbrida no perdonaría jamás.

Una bruja Bennett inexperta nunca sería competencia para ella. No cuando llevaba casi mil años practicando la magia, no cuando tenía un aquelarre que la respaldaba. Esa era la razón por la que, por mucho que Bonnie intentase frenarla dándole aneurismas, no funcionaba. Agnetha Mikaelson siempre iba un paso por delante. Sonrió con crueldad, implacable. Victoriosa.

―Te lo advertí ―gruñó, como si su loba interior empezase a despertar―. Solo Emily era digna de mi respeto. Pero... tú no.

Colocó sus manos en las sienes de Bonnie y drenó su magia, sellándola en una pulsera de rubíes que siempre llevaba consigo. La bruja gritó, desplomándose, impotente.

―Púdrete ―añadió. Luego se giró hacia Stefan, haciendo caso omiso a su mirada juzgadora―. Y tú, si quieres, por lo menos, mantener vivo a tu hermano y le amas, ya no a mí como mentiste, vas a entrar a buscarle. Abriré un camino entre el fuego.


Tambaleante, la rubia caminó hacia la vieja consulta de Grayson Gilbert. Alzó las manos y empezó a recitar en un susurro, con la voz temblando pero firme.

Pugna viam tuam per ignem. Pugna viam tuam per ignem...

Repitió el hechizo una y otra vez, sintiendo cómo cada palabra la desangraba por dentro, cómo su cuerpo flaqueaba bajo el peso de la magia. El sudor perlaba la frente y su visión se nubló. Pero, cuando escuchó los pasos acercarse y vio la silueta de los hermanos Salvatore atravesando el pasillo abierto en el fuego, una chispa de satisfacción recorrió su mente.

Lo último que vio antes dedesplomarse fue a Damon, consciente ya, devolviéndole una mirada cargada degratitud y una pequeña sonrisa. Una conexión silenciosa, más fuerte que la traición de Stefan y que cualquier promesa rota.








* *

n/a. stefan tardó un solo capítulo en cagarla, lo siento por tanto JSJSJSSJ pero una relación sin drama ni complicaciones no es la relación que yo decido establecer en ningún personaje. PERDÓN.

he reescrito partes del capítulo, añadiendo sentimientos de aggie de por medio, ah, porque esa agnetha más humana es mi agnetha favorita <3

POR CIERTO! Damos por terminada la primera temporada de TVD con este capítulo, ya entra Katherine en acción al 100% y se viene el ritual, jeje.


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