Capítulo 46.

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Maratón 4/5.


─┈ꗃ ▓▒ ❪ act two ― chapter nineteen. ❫ ▒▓


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LA NOCHE ERA ESPESA EN Mystic Falls, cargada de ese silencio extraño que precede a las confidencias más importantes. En la sala iluminada tenuemente de la casa Mikaelson, Agnetha observaba a Caroline Forbes con la paciencia de quien sabe que está forjando un destino. La adolescente, aun temblorosa con el peso de su nueva condición, jugaba nerviosa con el anillo solar que brillaba en su dedo como un recordatorio de lo que había perdido... y de lo que había ganado.

Agnetha se inclinó hacia ella, con la elegancia innata que poseía incluso en sus gestos más cotidianos. En sus manos sostenía una bolsa de sangre, una de las tantas que guardaba en una nevera oculta en la cocina. La sostuvo frente a Caroline, como si se tratara de un ritual.


―Primera lección ―dijo, sin rodeos―. La sangre es tu alimento, tu condena y tu salvación. Tienes dos caminos: beber de bolsas como esta y mantenerte bajo un control casi clínico, o alimentarte de la vena. El segundo es más intenso, más placentero, pero también más peligroso. Y luego está la dieta de Stefan, se alimenta de animales. Pero descarté esa opción, porque no saciará tu sed. Al menos, no ahora que eres una neófita.

Caroline la observó con el ceño fruncido, casi ofendida.

― ¿Placentero? ¡Estamos hablando de sangre, Aggie!

Agnetha sonrió apenas, como quien reconoce la inocencia en alguien que pronto la perderá. Porque lo había visto muchas veces antes.

―La sangre es poder, cariño. Cuando la tomas directamente de la vena, sentirás una oleada que ningún alimento humano puede darte. Es algo íntimo. Algunos lo comparan con el éxtasis, otros con el amor verdadero ―se acercó y se la entregó―. Empieza con esto, controla la sed antes de que la sed te controle a ti.

Caroline, finalmente, la aceptó con recelo y, bajo la atenta mirada de la híbrida, bebió a sorbos pequeños. No tardó en sentir cómo el calor recorría sus venas, un calor que se transformó en energía, en una vibración peligrosa. Agnetha la sujetó del brazo, firme, asegurándose que no se dejaba arrastrar.

―Respira. Aprende a detenerte. Ese es el secreto para tener un buen control.

Minutos más tarde, cuando Caroline logró apartar la bolsa sin haberla terminado, Agnetha la guio hasta el espejo de cuerpo completo del salón principal de la mansión.

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