Capítulo 48.

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─┈ꗃ ▓▒ ❪ act two ― chapter twenty-one. ❫ ▒▓


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EL SÓTANO DE LA PENSIÓN Salvatore olía a piedra húmeda, sangre seca y verbena. La atmósfera era densa, cargada de tensión, como si los muros antiguos hubiesen absorbido siglos de secretos y culpas. Allí abajo, Liz Forbes respiraba con dificultad, cada inhalación era un roce ardiente que quemaba sus pulmones. El veneno de la verbena todavía recorría su organismo, debilitándola, dejándola prisionera de su propio cuerpo. Con Caroline en el salón de arriba, Agnetha se mantuvo de pie, imponente, apoyada contra una de las columnas de madera. Sus brazos cruzados sobre su pecho parecían una muralla, pero su mirada estaba clavada en la sheriff Forbes. Damon y Stefan observaban desde las sombras, silenciosos, como si fuesen conscientes de que aquella conversación no les pertenecía.


―Explícame, Agnetha ―dijo, finalmente Liz, rompiendo el silencio con un tono cargado de reproche―. ¿Cómo demonios Caroline se convirtió en un monstruo?

El corazón de Agnetha se tensó. No era una mujer acostumbrada a sentir culpa, pero cuando se trataba de Caroline Forbes, las palabras pesaban como cadenas de acero. Dio un paso al frente, con esa calma peligrosa que predecía a la tormenta.

―Fue mi sangre ―confesó sin rodeos, con la voz firme―. Después del accidente, cuando dijeron que no sabían si saldría de eso, se la di para que sanara. Yo no la maté ―aseguró―. Fue alguien más. Pero, si fuera por mí, no la hubiese condenado a una eternidad.

Los ojos de la sheriff se abrieron de par en par. Logró ver un atisbo de traición brillando en ellos.

―Entonces es tu culpa ―escupió, como si fuese veneno―. Ya no es mi hija... no lo será más.

Damon arqueó una ceja, entrando al sótano. Murmuró en voz baja:

―Es lo que pasa, Liz. Caroline ya no es humana, pero sí es la misma chica que criaste. Aunque no lo parezca.

Las palabras fueron como un cuchillo girando en el aire y Agnetha no dudó ni un segundo en atraparlo con la mano. Con su magia, lanzó a Damon unos metros hacia atrás. Dio un paso hacia la sheriff, logrando que su presencia llenara todo el lugar, como si ese espacio fuese demasiado pequeño para contener su ira.

― ¡Cállate, Damon! ―espetó, y su voz reverberó contra las paredes. Luego se giró hacia la adulta, con los ojos encendidos de ira―. No vuelvas a decir que no es tu hija. Caroline sigue siendo Caroline. Es más fuerte ahora, quizás más vulnerable también, pero sigue siendo la misma chica. Lo único que la diferencia de la Caroline humana es que ahora tiene una madre más.

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