Capítulo 22.

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Maratón 1/5.


─┈ꗃ ▓▒ ❪ act one ― chapter twenty-two. ❫ ▒▓


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Barrio Francés, medianoche.


EL AIRE OLÍA A SALVIA quemada y a tierra húmeda. En el centro de un antiguo invernadero abandonado ―ahora convertido en un santuario secreto para aquellas brujas que no respondían a los consejos tradicionales―, siete mujeres se habían reunido alrededor de un fuego contenido dentro de un brasero de hierro negro. Sobre el fuego, flotaban hojas secas de nogal, un colgante hecho con huesos de gato montés y un antiguo símbolo de los loa tallado en piedra volcánica.

Agnetha observaba en silencio, manteniendo una postura erguida, de pie y sin miedo alguno.

Las brujas la miraban con una mezcla de reverencia y precaución. Una Mikaelson entre ellas no era cualquier cosa, mucho menos una que portaba un aura tan desequilibrante como la suya. La más anciana del círculo ―una mujer de piel oscura, ojos plateados y cicatrices tribales marcando su mandíbula―, se acercó con pasos lentos. No se presentó, no hacía falta.


―Te vi en las cenizas del Bayou, hija del trueno ―dijo en voz baja, como si cada palabra doliera al salir de su boca―. Y soñé contigo tres noches seguidas antes de que Marcel hiciera público tu regreso a la ciudad.

Agnetha no se sorprendió. Las visiones, los presagios... eran ecos constantes dondequiera que ella caminase.

―Estoy buscando respuestas ―dijo, finalmente, sin andarse con rodeos―. Desde que completé la transición, mi magia fue despertada. Como humana, nunca la exploré, a diferencia de mis hermanos Finn, Kol y Henry. Pero, mi magia... no es brujería como toda la que he conocido durante estos siglos. No responde a círculos, no sigue linajes. Es como si solo me respondiera a mí, como si yo la hiciera real. Y no he encontrado a nadie que pueda explicarlo.

La anciana, ante sus palabras, asintió una sola vez.

―Eso es porque no perteneces a los caminos de la tierra. Ni a la sangre de las familias. Tu mafia no fue entregada. Fue reclamada.

Silencio.

Las demás brujas comenzaron a entonar un cántico bajo, gutural, como si quisieran reforzar lo que estaba por revelarse a continuación.

―Cuando eras humana ―continuó con la explicación la anciana―, eras una chispa sin llama. Dormida. Pero cuando moriste... cuando bebiste la sangre y renaciste como inmortal, algo antiguo reconoció esa transformación.


Sacó un cuenco de barro con una mezcla de cenizas y vino, colocándolo frente a la Original, que lo miró con el ceño fruncido.

"Mira" le ordenó la bruja.

Agnetha se inclinó y miró dentro. Las sombras se movieron de un momento a otro y las cenizas comenzaron a girar hasta que una visión comenzó a formarse: una prisión de fuego, cadenas invisibles y un río negro que fluía en reversa, como si el tiempo no existiera en aquel lugar.

Y, entonces, una figura femenina.

Lilith.

No como madre, ni como demonio; sino como símbolo. La primera. La caída. La rebelión.


―Tu magia, Agnetha Mikaelson ―susurró la mujer―, no viene del cielo ni de la tierra. Viene del mismísimo Infierno.

― ¿Qué...? ―su voz tembló, por primera vez en siglos, y eso ya era decir mucho para ella―. ¿Qué significa todo esto?

―Que cuando moriste, un lama infernal te reclamó.

No Mikael. No Esther. Fue Lilith.

Las llamas del brasero se elevaron de pronto, como si el nombre hubiera tenido poder sobre el ritual de la noche.

―Tu magia es espiritual ―explicó la mujer ante las dudas de la híbrida, dando un paso atrás―. Pero no la de los antepasados. Ni la de los muertos. Es la espiritualidad del tormento, del castigo eterno, de los que han sido condenados y no quieren desaparecer. Tu alma está atada al fuego que devora, no al que calienta.


La Mikaelson dio un paso atrás. Su respiración era lenta, casi entrecortada, pero su mente corría a una velocidad inexplicable.

La sangre de los Mikaelson.

La inmortalidad del vampiro.

La bestia dormida de la loba.

Y, ahora, la condena de una bruja infernal.


― ¿Eso me hace un demonio?

La anciana la miró, luego redirigió la mirada hacia las otras brujas, y volvió a mirar a la de cabellos rubios. Por un segundo, incluso, pareció sonreír. Y contestó:

―Te hace única.

― ¿Y mis hijos...? ―susurró, casi sin voz―. ¿Ellos también?

La bruja no respondió. En cambio, le entregó dos colgantes: un pequeño cristal oscuro, como obsidiana, atado con un hilo rojo. Ambos colgantes eran idénticos.

―El infierno es un lugar, sí, pero para ti, no. Para ti es una herencia. Protégelos. Porque hay quienes sentirán el eco de esa sangre... y vendrán a reclamarla.


Las llamas se apagaron. Las brujas comenzaron a dispersarse en silencio, pero la visión quedó ardiendo dentro de Agnetha como si se le hubiera grabado bajo la piel.

Lilith. Su nombre ardía con el peso de una verdad antigua. Su magia, su rabia, su ambición, su deseo de proteger... todo tenía sentido ahora.

No era una bruja cualquiera.

No era una Mikaelson cualquiera.

Era una llama arrancada del infierno, vestida de piel y luto.

Y lo peor de todo era que, en el fondo de sí misma, Agnetha sentía que por fin lo entendía todo.

Y no le temía.



* * 

n/a. empezamos la maratón con la que finalizará el primer acto!!! Y, por supuesto, empiezan las revelaciones sobre la magia de Agnetha. ¿qué os ha parecido? ahora, por fin, se está entendiendo un poquiiiiiiito todo, que en su edición original no lo hice por pereza JAJAJAJAJ perdón, soy una vaga a veces :((

aun así, ahora empieza lo buenoooo. ¡gracias por los votos que está recibiendo POWER en estos últimos días! me siento fantástica con eso y me hace sentir bien como escritora, la verdad.


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