𝐏𝐎𝐖𝐄𝐑 | Esther siempre había odiado a una de sus hijas; ella supo, desde que nació, que sería la persona más poderosa que había conocido nunca. Y por ello, la maldijo, lentamente, hasta que se alejó de su familia, una vez les convirtió a todos...
n/a. En este capítulo, se incluye smut, aunque no está muy detallado. Me pareció buena idea escribir un capítulo totalmente exclusivo (como otros anteriores) y desarrollar con más profundidad la relación entre agnetha y stefan, por ello este encuentro.
Si no quieres leer este tipo de contenido, pasa al siguiente capítulo sin ningún problema, o, por lo menos, lee las últimas frases <3
─┈ꗃ ▓▒ ❪ act two ― chapter fourty. ❫ ▒▓
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LA PRIMERA LUZ DEL AMANECER se filtraba por los huecos de la ventana, tiñendo la habitación con tonos dorados y azul pálido. El aire todavía olía a ceniza, a furia y a sangre seca; eran los vestigios de la noche anterior. Sin embargo, en el centro de aquella habitación, el caso pareció suspenderse.
Stefan Salvatore fue el primero en despertar. El dolor había desaparecido y la herida ya no existía. Solo quedaba el recuerdo cálido y doloroso del sabor metálico de la sangre de Agnetha en su boca. Giró el rostro y la vio a su lado, dormida de medio perfil, con un mechón dorado cubriéndole el rostro y la respiración tranquila y pausada.
Durante un momento, no fue un vampiro, ni un monstruo, ni un hombre atormentado: fue solo alguien que seguía amando a su alma gemela y no lo había admitido hasta ese momento.
—Aggie... —murmuró, sin intención de despertarla pero, ella sonrió entre sueños.
Sus ojos se abrieron poco después; claros, cansados y, aun así, luminosos. Brillando por verle bien.
—Buenos días, Steffie... —susurró, con esa voz tan cálida que podía calmar hasta las tormentas.
El silencio que siguió fue distinto al de la noche anterior. No había tensión ni ira, solo un deseo callado, una paz casi humana. Él la observó y la Mikaelson se dio cuenta. El leve arqueo de su ceja y la sonrisa que se insinuó en sus labios bastaron para encender algo que ambos habían intentado ignorar desde hacía demasiado tiempo.
Stefan no habló, solo se inclinó hacia ella.
El roce de sus labios fue un reconocimiento, una tregua, una promesa no pronunciada.
Agnetha le correspondió. Primero con cautela y, después, con la pasión de quien lleva años temiendo sentir demasiado. El beso se volvió más profundo, más desesperado, como si el mundo fuera a acabarse en cualquier instante. Y quizá, para ellos, siempre lo hacía.
El colchón cedió bajo sus cuerpos, los movimientos fueron lentos, estudiados, cargados de ese tipo de ternura que nace del dolor compartido. Ninguno necesitaba palabras; ambos sabían lo que el otro pedía sin decirlo. Era una danza antigua, entre la oscuridad y la redención.
Cuando al fin se separaron, la habitación se llenó de ese silencio tibio que queda después del alivio. La Original reposó su cabeza sobre el pecho de Stefan, escuchando los latidos acompasados de su corazón. Salvatore le acariciaba el cabello distraídamente, trazando con los dedos mechones dorados que brillaban con la luz del amanecer.
—Nunca pensé que esto pudiera sentirse así —habló el varón en voz baja.
— ¿Así como? —preguntó la rubia, medio sonriendo.
—Como si, por un instante, todo estuviera bien —respondió, mirándola con una sinceridad que dolía.
Agnetha alzó la mirada y sus ojos se encontraron. En ellos no había promesas eternas ni juramentos imposibles, solo la verdad desnuda de dos almas gemelas que se habían encontrado una y otra vez a lo largo de los siglos.
Stefan depositó un beso en la frente impropia y después, en un susurro apenas audible, dejó escapar una pregunta que parecía salida de un sueño:
— ¿Y si nos casamos algún día?
La fémina le miró fijamente, sin reírse ni apartar la mirada. Solo una sonrisa suave, casi melancólica, se dibujó en sus labios antes de responder, en voz baja, como si el destino pudiera oírlos:
—Entonces que sea en un amanecer como este... cuando el mundo aún no recuerde quiénes somos en realidad —murmuró, para después añadir—. Pero quiero una propuesta seria, eh. Con su anillo y su todo, Stefan Salvatore.