Capítulo 47.

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Maratón 5/5.


─┈ꗃ ▓▒ ❪ act two ― chapter twenty. ❫ ▒▓


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LA SALA PRINCIPAL DE LA mansión Mikaelson estaba bañada por una luz tenue, cálida, que provenía del fuego chisporroteante en la chimenea. Sobre la mesa baja de madera blanca reposaban varios cuencos de palomitas y refrescos, y en la pantalla del televisor se proyectaba una vieja película de Disney, de esas que nunca pasaban de moda. Jane se había adueñado del lado izquierdo del sofá y James del derecho, dejando a su madre atrapada en el centro, con la cabeza de cada uno recostaba en su regazo... como cuando eran niños pequeños y veían películas las tardes de tormenta. Agnetha acariciaba distraídamente los rizos de Jane mientras el rostro de James le recordaba, por suerte o por desgracia, al de Niklaus cuando todavía eran humanos.

No era común que se permitiera momentos así pero, desde que los mellizos habían llegado a Mystic Falls unos días atrás, había decidido que merecían sentir cierta normalidad. Aunque fuese un mero espejismo. Aunque fuese un lujo que ella misma no había tenido a su edad.


― ¿Sabéis? ―rompió el silencio cuando la película en una de sus escenas más alegres―. Siempre he querido manteneros al margen del mundo sobrenatural, pese a que estéis implicados. Pero... me temo que ya no puedo hacerlo más.

Ambos giraron los ojos hacia ella con atención y se acomodaron en el sofá, abandonando su anterior postura. James, con esa seriedad precoz que lo hacía parecer mayor de lo que era y que le recordaba tanto a su hermano Elijah. Jane, con esa chispa de curiosidad que recordaba a la de su hermana Rebekah en su faceta más humana.

―Ya sabemos que hay vampiros ―respondió el varón, como si aquello fuese tan natural como decir que sabían que el cielo era azul―. Están los hermanos Salvatore, obviamente Caroline Forbes y tú, mamá.

Agnetha no pudo evitar sonreír ante la franqueza de su hijo.

―Correcto. También corre por estos lares Katerina ―desvió la mirada hacia su hija―. Tu madrina.

Los ojos de Jane se abrieron con asombro, incapaz de recordar la última vez que se vieron madrina y ahijada pero, teniéndola siempre presente porque le mandaba regalos de cada país donde viajaba.

― ¿La tía Katerina? ¿Otra vez metida en problemas o causándolos? ―rio la menor.

―Siempre ―suspiró Agnetha, ladeando la cabeza―. Ella quiere su libertad y se la conseguiré, por supuesto, pero desconozco los planes que tiene Niklaus, por lo que es algo de lo que me preocuparé más adelante. Luego está Bonnie Bennett, la bruja local. Su único problema es que le quité la magia... traicionarme tiene un precio y no uno bajo, precisamente. Estoy meditando si devolvérsela.

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