𝐏𝐎𝐖𝐄𝐑 | Esther siempre había odiado a una de sus hijas; ella supo, desde que nació, que sería la persona más poderosa que había conocido nunca. Y por ello, la maldijo, lentamente, hasta que se alejó de su familia, una vez les convirtió a todos...
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STEFAN SALVATORE POV.
EL AMANECER SOBRE CHICAGO TENÍA ese tono dorado que siempre le recordaba a ella. Agnetha dormía todavía, envuelta entre las sábanas de seda, con el cabello cayendo en cascada sobre la almohada. Stefan la observó en silencio, con esa mezcla de ternura y amor que solo se tiene por lo que uno teme perder.
Desde que los Mikaelson habían regresado a su vida, algo dentro de él había cambiado. Tal vez porque Agnetha le hacía sentirse menos monstruo y más humano. Tal vez porque, a su lado, la eternidad no parecía un castigo como siempre se había obligado a pensar.
Se levantó despacio, vistió una camisa y bajó a la calle antes de que el resto despertara. Chicago bullía como siempre, pero él caminó con un propósito distinto: el escaparate de una joyería lo detuvo.
Un anillo. Sencillo, pero antiguo. Una alianza de oro blanco, con un pequeño grabado en el interior: in aeternum. Para siempre.
Lo compró sin dudar. No necesitaba que fuese algo demasiado ostentoso. No para ella.
Cuando volvió, Agnetha estaba en el balcón, mirando al horizonte. No se escuchaba a nadie hablar, por lo que todavía debían estar durmiendo. La luz de la mañana se filtraba entre las cortinas, tiñendo de ámbar su piel. Stefan se acercó en silencio, deslizando sus brazos alrededor de la cintura de la Mikaelson.
—Has estado desaparecido un rato —susurró ella, apoyándose en su pecho.
—Tenía algo que hacer —respondió, con un temblor en la voz incapaz de ocultarlo.
La trihíbrida se giró. Le miró a los ojos, como si intentara leerle los pensamientos. Y, entonces, sin decir nada más, Stefan sacó la pequeña cajita de terciopelo del bolsillo e hincó la rodilla. Agnetha arqueó una ceja, entre sorprendida y divertida.
—Stefan...
—No —la interrumpió con suavidad, abriendo la caja—. Déjame terminar, por favor.
El anillo brilló bajo la luz del sol naciente. Y el Salvatore tomó aire.
—No sé si existe un futuro lo bastante largo para nosotros —empezó, con la voz firme—. Hemos muerto, hemos amado, hemos perdido todo una y otra vez, Pero contigo... todo duele menos.
Aggie no podía hablar. Sus labios se entreabrieron pero, las palabras no salieron de su boca. Estaba en shock.
— ¿Y si nos casamos algún día? —Repitió la pregunta del día anterior, pero con una sonrisa asomando en sus labios—. No por prometer algo imposible... sino para recordarnos que, incluso los que vivimos para siempre, merecemos un hogar.
El silencio que siguió fue puro, denso pero perfecto. Y, entonces, Agnetha sonrió, incluso sus ojos se cristalizaron.
—Tonto —susurró, acariciando su mejilla—. Claro que sí.
Y, mientras el sol ascendía sobre Chicago, un nuevo pacto se sellaba. No con sangre, sino con amor.
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n/a. esto no se lo esperaba nadie (ni yo tampoco), pero me moría de ganas de formalizar por fin, después de casi dos actos enteros, la relación entre agnetha y stefan <333 ellos son mis bebés y los amo mucho, por ello, se merecerán su final feliz (o no, ahre).
como veis, es un capítulo totalmente nuevo también, pero me está gustando esto de desarrollar más las relatives de Agnetha y por ello necesito más capítulos de los que ya estaban publicados. El próximo será un punto y aparte en la relación de los mellizos pero es totalmente necesario antes de seguir con el hilo principal de la serie, ajá.