𝐏𝐎𝐖𝐄𝐑 | Esther siempre había odiado a una de sus hijas; ella supo, desde que nació, que sería la persona más poderosa que había conocido nunca. Y por ello, la maldijo, lentamente, hasta que se alejó de su familia, una vez les convirtió a todos...
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PESE A QUE TODO PARECÍA haber vuelto a la normalidad en las vidas de Elena Gilbert y Caroline Forbes, muy en el fondo sabían que no era así. Stefan decidió alejarse de la chica Gilbert mientras seguía vigilando a Damon, hasta que se disecase. Por lo que respecta a Agnetha, desde aquella tarde de té con los Lockwood no había vuelto a ser la misma.
Pensaba que había superado la traición de Tyler al acostarse con Vicki Donovan, pero era obvio que no era así. Y ahora tampoco tenía a Damon para hablar, pues sabía que era el único que la conocía bien y podría ayudarla, aunque fuese llevándosela a beber por ahí. Por esa misma razón, no había salido de su casa, la cual se mantenía oculta por la magia que ella misma había aplicado, y que solo se revelaba ante aquellas personas que había revelado su ubicación. Era un mecanismo de seguridad y protección de ella hacia ella misma.
Tan solo tres personas conocían su localización: su hermano mayor, Elijah; su hermano mellizo, Niklaus; y Stefan Salvatore, que un día la siguió para saber el lugar donde se hospedaba, tras tener un flash en su mente. Y es que, la chica Mikaelson recordaba aquella noche a la perfección.
La noche había caído hacía un par de horas. La luna estaba en lo más alto del firmamento, siendo acompañada de sus leales seguidores, las estrellas que brillan con luz propia. Agnetha se encontraba tumbada en una hamaca en el jardín, mientras se terminaba aquella bolsa de sangre antes de irse a dormir.
Pero, pese a la tranquilidad que la rodeaba, escuchó como unos pasos se acercaban al perímetro de seguridad de aquella casa, la antigua mansión Mikaelson, donde una vez soñaron los hermanos en reunirse para vivir juntos. Rápidamente agudizó sus instintos, pensando que sería una amenaza, pero resultó ser nada más y nada menos que Stefan. ¿Cómo había encontrado su hogar?
―Steffie, ¿qué haces aquí? ―preguntó, sorprendida, mientras alzaba de nuevo las protecciones de la casa, mediante magia―. Pasa, pasa.
El varón, sorprendido por el tacto que tenía ella con él, no dudó en hacerle caso y entró. Como Agnetha sabía que Stefan no bebía sangre humana, tiró la bolsa que estaba tomando hacia cualquier lugar, para no hacerle sentir incómodo.
―No quiero sonar grosera, pero. . . ―fue interrumpida por el vampiro, que parecía estar intrigado.
―Ayer tuve un presentimiento. ¿Nos conocimos hace tiempo, verdad? ―dijo el Salvatore, haciendo que Agnetha se sorprendiera ante aquella pregunta―. Damon dice conocerte desde 1864, cuando todavía éramos humanos, por lo que sé del cierto que también me conociste a mí. Pero no puedo recordarlo.