Capítulo 36.

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─┈ꗃ ▓▒ ❪ act two ― chapter nine. ❫ ▒▓


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DESDE QUE ELENA GILBERT DESCUBRIÓ el problema real de Stefan con la sangre humana, su empeño por ayudarlo se había convertido en una obsesión. La muchacha estaba convencida de que debía y podía imponerse, de que eran necesarias medidas drásticas para controlarlo, aunque no entendiera que aquella lucha era más profunda de lo que podía imaginar.

Agnetha lo sabía. Había vivido etapas de Stefan como destripador, incapaz de controlar la sed de sangre. Y también había sentido en su propia piel lo que significaba perder el control, hacía más de un siglo. Desde que Stefan bebió de Elena para sobrevivir al sótano donde lo mantuvieron los vampiros de la tumba, nada había vuelto a ser igual. Él trataba de aparentar normalidad pero la Original podía leer en su mirada lo que los demás pasaban por alto, incluso lo que Damon parecía no comprender. Ella le conocía demasiado bien, por ello, eran almas gemelas.

Podría haber sido su guía pero, ni siquiera era un buen ejemplo a seguir: mezclaba sangre humana directa de la vena y de las bolsas de sangre que un viejo amigo le proporcionaba, justificándolo como un perfecto equilibrio, aunque en el fondo supiera que no era más que una excusa tonta. No podía salvarlo de sus propios demonios pero, si podía estar ahí para él y ser su mayor apoyo. Sostenerlo cuando tambaleaba. Como aquella tarde, en la que casi mata a Amber Bradley.

El recuerdo de lo sucedido inundó su mente nuevamente.








El certamen había concluido, aunque la celebración continuaba. La atención estaba puesta sobre Caroline Forbes, radiante con su título recién ganado. Agnetha, lejos de querer brillar más de lo necesario, cedió el protagonismo a su amiga y salió al porche delante, donde Damon la esperaba. Su expresión ya le adelantaba que no iba a ser una charla casual.

¿Has encontrado a Stefan y a Amber? preguntó sin rodeos la fémina, con la ansiedad marcando la tensión en su voz.

Damon negó, con un gesto cansado.

Cuando quiere esconderse, no hay quien lo encuentre.

Agnetha le miró con frustración, pasándose una mano por el rostro.

No ha cambiado nada... musitó, justo antes de detenerse en seco en la pequeña escalinata. Sus fosas nasales se abrieron, captando un rastro metálico y familiar―. ¿Hueles eso? Es sangre humana.

El vampiro se quedó perplejo ante su precisión. Ni siquiera él, con m'-as de un siglo de experiencia, lograba diferenciar con tanta claridad los olores a distancia. Pero no era momento de cuestionarla. Ambos echaron a correr, seguidos de Elena, quien había estado escuchando tras la puerta, y de Bonnie, que se les unió con una mezcla de miedo y desesperación.

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