Capítulo 64.

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writetober 13/31.


─┈ꗃ ▓▒ ❪ act two ― chapter thirty-seven. ❫ ▒▓


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LA CARRETERA SE EXTENDÍA ANTE ellos como una línea infinita de asfalto y polvo. Bajo el sol del mediodía, el paisaje del sur se deslizaba por las ventanillas: colinas suaves, graneros abandonados, árboles cubiertos de musgo y carteles oxidados que anunciaban pueblos casi fantasmas.

Agnetha Mikaelson conducía con el brazo apoyado en la ventanilla abierta, dejando que la brisa cálida le alborotara la melena dorada como el sol. En el asiento trasero, James y Jane dormían plácidamente, exhaustos tras una mañana de risas, bromas y paradas improvisada en tiendas de carretera. Klaus iba en el coche de detrás y, Stefan, silencioso, en el asiento del copiloto, haciéndole ligeramente compañía a la Original.

El rugido de los motores era el único sonido constante. Y, sin embargo, en aquel silencio se escondía la calma antes de la tormenta.

Agnetha lanzó una mirada a Stefan. Llevaba horas estando callado, los ojos fijos en el horizonte, los dedos tamborileando contra su rodilla. No necesitaba leer su mente para saber que estaba pensando en Elena Gilbert... y en todo lo que había dejado atrás.


—Estás demasiado callado —comentó la fémina al fin, rompiendo la quietud del coche.

—Supongo que intento acostumbrarme... —respondió el vampiro, sin apartar la vista del camino.

— ¿A qué?

—A estar lejos, A no tener que proteger a nadie.

Agnetha soltó una risa suave, cari irónica, y dijo:

—Steffie, cariño. Los que intentan proteger a todo el mundo son los que suelen acabar con la conciencia rota en pedazos. Créeme, lo he visto más veces de las que quiero admitir.

El Salvatore la miró por un instante, con esa expresión entre curiosa y vulnerable que solo él sabía tener. Extrañaba demasiado a su mujer, pero era incapaz de dejar los sentimientos hacia Elena aparte, como si no existieran. Y la Mikaelson no aceptaba ser el segundo plato de nadie, por mucho que fueran compañeros.

— ¿Y tú? —preguntó—. ¿A quién intentas proteger tú?

—A los míos —contestó, sin dudar—. Siempre a los míos.

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