Capítulo 53.

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writetober 1/31.


─┈ꗃ ▓▒ ❪ act two ― chapter twenty-six. ❫ ▒▓


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ELENA GILBERT POV.



LA MAÑANA HABÍA COMENZADO CON un silencio extraño, como si el aire mismo contuviera la respiración. Elena Gilbert observaba desde el porche como el abogado cerraba su maletín de cuero y se despedía con una inclinación educada. Los papeles estaban firmados. La pensión Salvatore, esa antigua mansión que alguna vez había pertenecido a dos de los vampiros más enigmáticos de Mystic Falls, ahora era oficialmente suya.

La tinta se mantenía fresca en el acta de propiedad, con su nombre escrito en letras firmes. Aquello no era solo un documento legal; era una barrera invisible, un fuerte privado donde no corría peligro de muerte. Desde ese mismo instante, ningún vampiro podría entrar a la casa sin su invitación. Stefan y Damon la habían observado firmar con semblante serio. Uno con respeto, el otro dudando.


― ¿Estás seguro, Stefan? ―le había preguntado al menor de los hermanos, con la mirada fija en él.

―Es lo mejor ―había respondido él sin vacilar―. Al menos, ahora tendremos un lugar seguro.


Pero la seguridad no traía consuelo. Mientras Damon bromeaba con Henri sobre lo aburrido que debía ser redactar contratos en una ciudad llena de criaturas inmortales, Elena sentía que cada palabra escrita en aquel papel la hundía más en un abismo de decisiones imposibles.

En cuanto el abogado se marchó, la joven castaña guardó los documentos en una carpeta y, ésta, en un cajón de uno de los muebles del salón. Le mandó un mensaje rápido a Bonnie: Voy camino de clase. Pero era mentira. No tenía intención de asistir a sus clases esa mañana.

Su mente no dejaba de girar en torno a una sola idea: Agnetha Mikaelson. La conversación de aquella mañana seguía grabada en su cabeza. La rubia había hablado de su hermano, Klaus, con una mezcla de devoción y advertencia. Si ella había sido quien evitó el ritual quinientos años atrás... ¿Por qué ahora se negaba a hacerlo de nuevo? La doppelgänger no podía entenderlo y, la única persona que quizás tendría respuestas a todas sus dudas, era Katherine Pierce.


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