Capítulo 78.

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Maratón 2/3.


─┈ꗃ ▓▒ ❪ act two ― chapter fifty-one. ❫ ▒▓

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LA MANSIÓN MIKAELSON PARECÍA CONTENER  la respiración. Agnetha lo notaba en su propia piel, en sus huesos, en ese lugar invisible donde la magia y la memoria se superponen. La casa no era solo de piedra, madera y mármol; era un archivo vivo de décadas de amor, traición, muerte y promesas incumplidas. Aquella noche, cada pasillo parecía observarles, como si el propio hogar supiera que algo irrevocable estaba a punto de suceder.

Kol y Finn bajaron las escaleras principales lentamente, ya vestidos y acicalados, pero todavía desubicados en el tiempo. Agnetha les miró desde el centro del salón, sintiendo cómo algo se apretaba en su pecho. Habían pasado siglos desde la última vez que les vio conscientes, presentes y respirando el mundo sin las dagas atravesando sus corazones.

Kol Mikaelson llevaba esa sonrisa torcida que siempre anunciaba problemas pero, ella veía más allá: podía ver el temblor ligero en sus manos, el modo en que sus ojos recorrían el espacio como si necesitara convencerse que era real. Finn Mikaelson, en cambio, caminaba con la solemnidad de quien ha pasado novecientos años, despierto en la oscuridad, atrapado dentro de sí mismo. Cada paso que daba, parecía costarle más que el anterior.

Stefan se encontraba junto a ella. No delante, no detrás. A su lado, como su igual. Su presencia era un ancla silenciosa y necesaria, lo que Agnetha Mikaelson agradeció, sin mirarlo, pero no tardó en aferrarse a su mano, discretamente. Ese contacto físico fue suficiente para tranquilizarse.

James y Jane, permanecían sentados en el sofá, hombro con hombro. Sus hijos. Los había protegido durante diecisiete años.... Y ahora debía permitir que el resto de su mundo los viera y conociera.


—Hermanos, bienvenidos de vuelta —dijo, finalmente, rompiendo el silencio. Se giró primero hacia Stefan, asintiendo—. Kol, Finn. Él es Stefan Salvatore, mi pareja y prometido —les presentó, mostrando su alianza de compromiso en su dedo anular.

Kol no disimuló ni esforzándose para ello. Dio una vuelta lenta a su alrededor, como un depredador curioso, para después acercarse al Salvatore.

—Así que tú eres el hombre que se atrevió —murmuró—. Interesante... lo raro es que estés de una pieza, teniendo en cuenta a cierto mellizo de allá —se burló, mencionando indirectamente a Niklaus, quien gruñó a lo lejos.

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