𝐏𝐎𝐖𝐄𝐑 | Esther siempre había odiado a una de sus hijas; ella supo, desde que nació, que sería la persona más poderosa que había conocido nunca. Y por ello, la maldijo, lentamente, hasta que se alejó de su familia, una vez les convirtió a todos...
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CUANDO CRUZARON LOS LÍMITES DE la propiedad Mikaelson, Tyler no pudo evitar quedarse boquiabierto. No era solo una mansión —enorme, majestuosa, antigua—, sino la extensión interminable de terreno que la rodeaba, como si el bosque mismo hubiese decidido arrodillarse ante la mansión.
—Si no cierras la boca, te entrarás moscas —comentó Agnetha con burla, alzando una mano mientras reforzaba silenciosamente las protecciones mágicas del perímetro—. Y créeme, aquí no queremos visitas inesperadas.
Tyler carraspeó, sonrojado, y cerró la boca de golpe, sintiéndose ligeramente avergonzado.
—James, Jane —miró a sus hijos, minutos más tarde—. ¿Por qué no le enseñáis la habitación a Chris? Será la de delante de la tuya, cariño —añadió, ahora mirando específicamente a su hija.
—Buenas noches, mamá —dijeron los gemelos al unísono, como muy acostumbrada estaba la Mikaelson.
Jane dedicó una sonrisa amable a Caroline, mientras James hacía una leve inclinación exagerada.
—Buenas noches, rubia —dijo Jane.
—Buenas noches, Lockwolf —remató su gemelo, con una sonrisa traviesa.
Chris, que hasta ese momento había permanecido en silencio, sonrió con dificultad. Todo aquello le seguía pareciendo surrealista y extraño pero, vivía de gratis y eso era suficiente para él. Tampoco necesitaba decir nada: su presencia era tranquila, estable y anclada a su compañera.
—Venid —dijo Agnetha, indicando la escalera principal—. Os enseñaré vuestras habitaciones. Y, antes de que preguntes —miró directamente hacia su amiga, divertida—, no. No dormiréis juntos. Esta casa tiene normas... aunque sean flexibles muchas veces.
Subieron hasta el segundo piso, donde varias habitaciones permanecían intactas, preparadas para recibir a quien fuese necesario. Agnetha abrió la primera puerta del lado izquierdo.
—Aquí hay ropa para ti, Caroline. También cosas que dejaste alguna vez —le dijo a la rubia—. Será tu habitación. La de enfrente, será la tuya por ahora, Tyler. También hay algo de ropa para ti. Mañana podréis ir a buscar todo lo que necesitéis a vuestras casas, si es que os queréis mudar aquí.
Luego, su expresión se endureció apenas la mirar a Lockwood.
—No he olvidado lo que hiciste, Tyler —dijo, con franqueza—. Pero, tampoco te voy a abandonar ahora. Eres el primer híbrido exitoso de Nik y, aunque me duela admitirlo... sigues siendo un chico que no merece perderse en esto sin guía.