𝐏𝐎𝐖𝐄𝐑 | Esther siempre había odiado a una de sus hijas; ella supo, desde que nació, que sería la persona más poderosa que había conocido nunca. Y por ello, la maldijo, lentamente, hasta que se alejó de su familia, una vez les convirtió a todos...
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EL SIGLO XX LLEGÓ A LAS vidas de los Originales más rápido de lo que alguna vez pensaron. Llevaban novecientos años rondando por la Tierra, estableciéndose en distintos lugares, huyendo de Mikael. Su progenitor llevaba nueve siglos dándoles caza y, la verdad sea dicha, los hermanos no entendían cómo podía encontrarles si, por lo menos, intentaban no llamar demasiado la atención como para que les alcanzase.
Para ser más exactos, estaban en diciembre de 1910. Unas semanas atrás, Agnetha tuvo una discusión muy fuerte con Niklaus, lo que provocó que Elijah, quien había vuelto dos meses antes, se marchase de nuevo por el egoísmo del mismo Klaus. Y es que, esa discusión, hizo que la híbrida apagase sus emociones.
Ya nada le importaba. Excepto los recuerdos que la atormentaban cada día y cada noche. Los recuerdos de aquella tarde cuando vio a Elijah partir de nuevo, sintiéndose culpable por su marcha. No quiso sentir nada, no quería estar triste, tampoco llorar. Entonces, hizo lo que pensó que era mejor: darle al off del interruptor de las emociones.
Aquella mañana amaneció viendo el calendario. Era 24 de diciembre, la víspera a Navidad. Resopló altamente molesta, odiaba ese día. Y odiaba más a su familia, que se había empeñado a hacer una fiesta para celebrar la Navidad con la comunidad sobrenatural que albergaba en el Barrio Francés.
"Estúpida festividad" pensó, una vez salió de la ducha.
Se vistió con algo cómodo y se alejó del Complejo, dirigiéndose a las afueras a velocidad vampírica. Había un establo de caballos que pertenecía a la familia. Como de costumbre y como llevaba haciendo todos los días, montó a su yegua y salió a trotar campo a través. A pesar que ella no se consideraba una buena jinete, pues a quien realmente le encantaban los caballos era a Klaus, tampoco podía decirse que no se le daba del todo bien. Llegó al bosque pasados quince minutos, adentrándose en él hasta llegar al pantano. Era una zona deshabitada en su mayor parte, a excepción de algunas zonas donde algunas manadas de lobos cohabitaban en armonía entre ellas. O, por lo menos, era lo que había escuchado en el Barrio. Sin embargo, aquello no era lo que tenía en mente Agnetha; no entraba entre sus planes ponerse a socializar con los licántropos, ya había tenido suficiente con George Lockwood, su acompañante de hacía décadas en la Fiesta del Fundador, durante su estancia en Mystic Falls.
Llegó al lago pasados otros cinco minutos pero, en esta ocasión, caminando. Dejó a su yegua atada en una vieja y abandonada verja, sentándose ella en la orilla del lago, dejando que sus pies se mojasen tras quitarse las botas con esa agua helada. Lo normal estando a finales de diciembre.