Capítulo 71.

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writetober 24/31.


─┈ꗃ ▓▒ ❪ act two ― chapter fourty-four. ❫ ▒▓


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LA NOTICIA DEL COMPROMISO SE propagó por el apartamento como una onda expansiva. Ni siquiera habían tenido tiempo de vestirse por completo cuando los gemelos irrumpieron en la habitación, seguidos por una Rebekah que llevaba una taza de café en la mano y una mirada de pura incredulidad.


— ¿¡Comprometidos!? —Exclamó la rubia, con los ojos abiertos como platos—. ¿Desde cuándo? ¿Acaso me he perdido un siglo entero otra vez?

—Desde esta mañana —respondió Agnetha, con una serenidad que contrastaba con el caos que se iba formando a su alrededor.

Stefan, por su parte, se limitó a esbozar una media sonrisa, sabiendo que enfrentarse a la familia de su prometida requería más valor que cualquier guerra sobrenatural. Rebekah dejó la taza sobre el tocador de su hermana con un golpe seco, acercándose a la mayor con una mezcla de asombro y ternura.

— ¿Sabes que eres la primera de todos nosotros en hacer algo así? —Dijo, cruzándose de brazos, pues ella siempre había querido casarse por amor—. Bueno, al menos la primera que lo hace por amor y no por política o conveniencia.

—No te burles —replicó, con una sonrisa—. No todos podemos tener tu talento para elegir amantes imposibles.

La carcajada de Rebekah resonó en la habitación pero, se detuvo al oír pasos pesados en el pasillo. El aire cambió. Niklaus entró.


El híbrido abrió la puerta con un golpe seco, sujetando una copa medio llena en su diestra. Sus ojos se movieron del rostro de su melliza al de Stefan, y de Stefan al anillo en el dedo de ella. El silencio que siguió a eso fue denso, cargado de electricidad.

— ¿Qué es esto? —preguntó en voz baja, casi temblorosa.

—Una alianza... —murmuró Agnetha, como si fuera lo más obvio—. Stefan y yo... nos casaremos.

El vaso se rompió en la mano del híbrido al ejercer una presión sobrehumana. Ni un parpadeo de emoción lo delató pero, el crujido del cristal bastó para que Rebekah soltara un suspiro resignado.

— ¿Casarte? —Preguntó en voz baja, tan baja que resultó más amenazante que un grito—. ¿Con él?

La mirada dorada del híbrido se alzó lentamente, clavándose en la de su melliza con un dolor que ni siquiera pudo ocultar.

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