𝐏𝐎𝐖𝐄𝐑 | Esther siempre había odiado a una de sus hijas; ella supo, desde que nació, que sería la persona más poderosa que había conocido nunca. Y por ello, la maldijo, lentamente, hasta que se alejó de su familia, una vez les convirtió a todos...
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JAMES Y JANE MIKAELSON SE ADAPTARON perfectamente a la vida en Mystic Falls. Ambos acudían al instituto y Jane ocupó la plaza de Agnetha en el equipo de animadoras, puesto que dejó alucinada a Caroline Forbes con su destreza por aquel deporte. La verdad era que Agnetha le había enseñado todo lo que ella sabía que, a su vez, le había enseñado su hermana Rebekah. Y Jane, admirando a su madre como no admiraba a nadie, decidió seguir sus pasos desde muy pequeña, por lo que siempre estuvo apuntada en equipos de gimnasia artística y acudía a clases de ballet. Por lo que respecta a James, que no era gran amante del deporte en general, consiguió entrar en el equipo de ciencias que se presenta todos los años a concursos y certámenes.
Sin embargo, para no delatar el verdadero origen de la Mikaelson, fueron inscritos con el apellido Smith, que era el que realmente usaban los Mikaelson en estos tiempos, para no levantar sospechas sobre su condición sobrenatural.
La noche de aquel domingo era el baile de máscaras organizado por la familia Lockwood. Por lo que Carol le había contado a Agnetha mientras ayudaba con la preparación y decoración de la mansión, era un evento que Richard había pedido muchas veces, deseaba llevarlo a cabo sin conocer la razón exacta. Pero, con tal de mantener viva la memoria del anterior alcalde recién fallecido, decidieron hacerla igualmente.
Agnetha no tenía intención de acudir pero, sabiendo de los planes que tenían para acabar con Katherine, no le quedaba otra que acudir. Y es que, pese a que la de orígenes búlgaros le había insistido diciendo que tenía una bruja de su lado, se quedaba más tranquila si era ella quien le brindaba su ayuda desinteresada, como las buenas amigas que eran.
Por esa misma razón, durante la tarde mientras se arreglaban en la mansión Mikaelson, lugar que le dejó conocer a pesar de estar bajo hechizos que evitaban su localización, colocó un hechizo de protección para que no pudieran lastimarla. Todo lo que fuese necesario para salvarle la vida, de nuevo, a su mejor amiga.
―Esa voz. . . ―susurró Aggie, mirando a su amiga―. Elijah ha llegado, será mejor que no te vea por aquí.
―Nos vemos en la fiesta, Nikolina ―susurró Katherine, antes de irse a velocidad vampírica.
Como si estuviese sola arreglándose para el baile de máscaras, terminó de ponerse aquel vestido blanco como la nieve, que solo necesitaba ser abrochado por detrás, sujetando con fuerza el corsé que formaba la parte superior del vestido. Llevaría unos tacones de tonalidad dorada bastante altos y lo acompañaría de una máscara dorada, con diamantes incrustados a la altura de las sienes.
― ¡Elijah! ―gritó, feliz, desde su habitación.
―Princesa, estás preciosa ―dijo el mayor, cuando llegó a su alcoba―. Tus hijos me matarán de un infarto un día de estos, salieron a ti.