𝐏𝐎𝐖𝐄𝐑 | Esther siempre había odiado a una de sus hijas; ella supo, desde que nació, que sería la persona más poderosa que había conocido nunca. Y por ello, la maldijo, lentamente, hasta que se alejó de su familia, una vez les convirtió a todos...
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MIENTRAS AGNETHA MIKAELSON SE ENCONTRABA en la mansión viendo películas Disney con sus dos hijos que, pese a ser adolescentes seguían amando las películas que veían cuando eran niños pequeños, Elena Gilbert se encontraba en el sótano de la pensión Salvatore, meditando una decisión que tomaría segundos más tarde.
La doppelgänger decidió quitarle la daga al original, que permanecía muerto en aquel lugar después de haber sido apuñalado, dos veces, y traicionado por aquella chica. Los minutos pasaron tan lentos que parecían ser una eternidad, mientras Gilbert permanecía sentada al lado del vampiro, con la daga en sus manos. La espera se hizo eterna, hasta que Elijah abrió los ojos. Poco a poco parecía volver en sí pero algo sucedía: no podía respirar.
—No puedo estar aquí —dijo, llevando sus manos a su cuello, intentando respirar.
—N-no has sido invitado. . . —susurró Elena, entendiendo lo que ocurría.
El vampiro salió del sótano tan rápido como sus piernas le dejaron, hasta salir de aquel lugar. Ya era de día en el exterior y habían pasado varios días desde que había sido traicionado y endagado.
La castaña le pidió silencio llevando su índice a sus labios, señalando la casa e indicando que los hermanos Salvatore se encontraban durmiendo y podrían escucharlos.
— ¿Puedo confiar en ti? —preguntó Elena, frunciendo el ceño levemente.
— ¿Puedo confiar yo en ti? —rebatió el original, con cierto tono de burla. Sin embargo, la burla fue cambiada por la sorpresa cuando la doppelgänger le entregó la daga, de modo que no podría ser endagado de nuevo, al menos no a mano de la pandilla de scooby-doo.
Con ese gesto, parecía haberse ganado, al menos, un poco de la confianza de Elijah Mikaelson, lo cual era suficiente por el momento. Tal y como le pidió el vampiro, Elena se subió a su coche y condujo hasta la propiedad Lockwood, no preguntó el motivo, simplemente lo hizo, pensando que eso sería importante o, por lo menos, serviría para poder hablar y llegar a un nuevo acuerdo.
—Te ves mejor —comentó la doppelgänger, una vez el vampiro terminó la bolsa de sangre que le había proporcionado, robándosela, con antaño, a Damon.