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Las semanas siguientes se convirtieron en un vacío.
Nayeon y Jackson apenas dormían, envueltos en informes, nombres, documentos.
Vivían entre llamadas encriptadas, reuniones nocturnas y un miedo constante de ser descubiertos.

El laboratorio que fabricó el veneno había cambiado de nombre, los registros desaparecieron… pero Jackson logró seguir un rastro.
Uno que apuntaba directo a Kim Taehyung.

—Esto es más grande de lo que imaginamos —murmuró Jackson una noche, en el departamento improvisado que usaban como base—. Si esto sale a la luz, no solo caerá él. Habrá nombres políticos, militares, corporativos.

Nayeon se pasó las manos por el rostro, agotada.

—Entonces tenemos que hacerlo bien. Sin margen de error.

El problema era que, mientras más avanzaban, más se alejaban de todo lo demás.
De Momo, sobre todo.

Momo, por su parte, se había vuelto una sombra dentro de la casa.
Se levantaba tarde, comía apenas.
Los días se mezclaban entre el silencio y las paredes.
A veces salía a caminar sin rumbo; otras, se quedaba frente al espejo, intentando reconocerse.

Sana y Jungkook la visitaban casi a diario.
Mina y Niki también.
Pero nada lograba sacarla del abismo.

—No estás bien, Momo —le dijo Sana una tarde, mientras le sostenía la mano—. Tienes que hablar con Nayeon, con alguien.

—Ella está ocupada —respondió Momo con una sonrisa forzada—. Tiene cosas más importantes que yo.

Sana frunció el ceño.
—Eso no es verdad.

Momo no contestó.
Miró hacia la ventana, como si esperara ver algo.
O a alguien.

Esa noche, mientras el reloj marcaba las 2:17 a.m., su teléfono vibró sobre la mesa.
Un número desconocido.
Un mensaje.

“¿No te parece curioso cómo todos desaparecen justo cuando más los necesitas?”

Momo frunció el ceño.
Otro mensaje.

“Mira lo que hacen mientras tú te destruyes.”

Adjunto: una foto.

Era Nayeon.
Abrazada a un hombre, sonriendo bajo una luz tenue.
La misma imagen que había visto aquella noche en la entrada.

Le siguió otro mensaje:

“Ella y su esposo fueron los que lo planearon. ¿O creías que el veneno vino de la nada?”

El aire se le fue de los pulmones.
No quiso responder.
No quiso creerlo.

Bloqueó el número.
Apagó el teléfono.
Pero al amanecer, había otros tres mensajes nuevos.
Tres números distintos.
Tres frases iguales:

“Despierta, Momo. No todo lo que parece amor lo es.”

Los días comenzaron a mezclarse con la noche.
Momo apenas salía de su habitación.
Empezó a escuchar cosas: pasos, respiraciones, susurros.
O tal vez era su mente, jugándole en contra.

Cada vez que cerraba los ojos, escuchaba la voz de Jongseo.
Esa misma voz que la perseguía desde aquella noche.

“No te miento, Momo. Yo solo te muestro lo que ellos te ocultan.”
“Tú fuiste su experimento. Su error más caro.”

Momo lloraba, gritaba que se callara, pero la voz volvía, suave, casi dulce, como una caricia envenenada.

Una tarde, Jungkook la encontró en el gimnasio del edificio, golpeando el saco con una furia que no parecía humana.
Sus nudillos sangraban.
Ni siquiera levantó la vista cuando él se acercó.

𝐀𝐦𝐨𝐫 𝐏𝐫𝐨𝐡𝐢𝐛𝐢𝐝𝐨 Donde viven las historias. Descúbrelo ahora