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El reloj marcaba las tres de la madrugada.
La casa estaba en silencio, salvo por la respiración entrecortada de Momo y el tic-tac de un reloj antiguo en la sala.

El teléfono vibró de nuevo.
Un mensaje.

—No… no otra vez —susurró, con la voz quebrada.

“Momo, no puedo esperar más. Sé que quieres saber la verdad. Sal de tu habitación.”

Sus manos temblaban.
Cada fibra de su cuerpo le decía que era un error, que debía ignorarlo.
Pero algo en su interior, una mezcla de miedo y curiosidad, la empujó a levantarse.

El pasillo estaba oscuro.
Cada sombra parecía moverse.
Cada crujido del piso era un susurro.

Cuando llegó a la sala, la luz de la luna iluminaba el lugar con un tono frío.
Y allí estaba él: Jongseo.

—¿Qué… qué haces aquí? —dijo Momo, retrocediendo instintivamente.

—Te he estado buscando —respondió él, con esa voz baja y suave que le recorría la espina dorsal—. Necesito hablar contigo.

—No… no puedo —logró articular Momo, temblando.

—Sí puedes —dijo Jongseo, dando un paso hacia ella—. No estás sola, aunque ellos quieran que lo creas.

Momo recordó los mensajes, las fotos, las palabras que la habían golpeado durante semanas.

—¿Tú… eres parte de esto también? —preguntó, con la voz quebrada—. ¿Me estás manipulando también?

—No —respondió él con firmeza—. Solo quiero mostrarte la verdad que te han ocultado.

Mientras tanto, a kilómetros de distancia, Nayeon y Jackson seguían revisando los correos y transferencias de Taehyung.

—Si seguimos este patrón, podemos vincularlo directamente con la fabricación y distribución del veneno —dijo Jackson, señalando un diagrama en la pantalla—.

Nayeon asintió, sin levantar la vista.
—No podemos fallar. Si Taehyung se da cuenta antes de que tengamos pruebas, Momo… —truncó la frase, pensando en el peligro para su hija y para Momo.

Pero no sabían que Momo estaba siendo manipulada desde otra dirección.
No sabían que Jongseo había vuelto.

En la periferia de la ciudad, un auto negro avanzaba lentamente frente al hotel donde Nayeon y Jackson trabajaban.

Taehyung estaba dentro, observando cada movimiento con calma fría.

—Ellos creen que controlan la situación —dijo al auricular—. Pero pronto aprenderán que alguien los está vigilando.

El hombre a su lado asentía.
—¿Actúo ahora?

—No —contestó Taehyung—. Deja que la tensión crezca. Que sientan que todo está bajo control. Después, golpearemos en el momento justo.

El auto continuó avanzando, silencioso, invisible para los que estaban dentro del hotel.

De vuelta en la casa, Momo había caído al suelo, apoyando la espalda contra la pared.

—¿Por qué yo? —susurró, entre lágrimas—. ¿Por qué nadie me protege?

Jongseo se acercó lentamente.
—Porque no han visto la verdad —dijo—. Ellos quieren que confíes en ellos mientras te destruyen poco a poco.

Momo cerró los ojos y recordó las fotos de Nayeon abrazando a alguien y sonriendo.

—Ellos… ellos hicieron esto —susurró, dejando que las palabras de Jongseo llenaran su mente—. Ellos me envenenaron… todo fue planeado…

𝐀𝐦𝐨𝐫 𝐏𝐫𝐨𝐡𝐢𝐛𝐢𝐝𝐨 Donde viven las historias. Descúbrelo ahora