Capítulo 61

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La lluvia seguía cayendo; cada vez más fuerte. La manada de nuevo se había rebelado contra la guardia del alfa. El sonido de los gritos y los gruñidos se mezclaba con el de la lluvia. Un licántropo pelirrojo yacía a un costado de la plaza, un segundo licántropo de pelo negro yacía del otro lado y un tercero estaba por caer derrotado por el alfa.

Rigel observaba en silencio desde la puerta principal de la casa Klein, que había dejado de arder gracias a la lluvia mientras la luna se mantenía oculta entre las nubes. Sus ojos se enfocaron en el cielo nocturno, buscando un atisbo de luz solar; le pareció que la noche se había vuelto eterna. Después dirigió la mirada más allá de la trifulca y ahí, a orillas del bosque, una aparición fantasmal se hizo presente; era la figura de hombre de apariencia salvaje y relucientes ojos rojos; aquel que lo había acogido y criado como a un hijo.

—¿Padre? — susurró el chico.

Trató de encontrar una respuesta a tal aparición cuando un golpe seco lo distrajo. La última beta, miembro del antiguo consejo, había caído derrotada por el alfa, y todo se quedó en silencio. Los lobos se quedaron estupefactos, casi sorprendidos, mientras Patrick Klein aún miraba indiferente el cuerpo inerte de aquella loba. Los ojos bicolor del chico se clavaron en los resplandecientes ojos del alfa, ¿Por qué tenía la sensación de haberlos antes?

—¡Todos ustedes! — bramó Patrick con voz grave — ¡Ya lo vieron! ¡He vencido a los betas más fuertes de Hoffmann para demostrarles que yo soy el único que merece el trono de mi padre! ¡¿O es que aún hay alguien aquí que piense lo contrario?!

Uno a uno los lobos bajaron la cabeza mientras Rigel los miraba desconcertado. Algo en su interior despertó, una especie de furia reprimida que clamaba justicia. Apretó los puños con fuerza y su vista saltó hacia los ojos rojos del fantasma de su padre.

«Así que de eso se trata — pensó — Para esto es que bajé de las estrellas.»

Sus ojos brillaron y sus brazos se cubrieron de un denso pelaje negro.

—¡Yo pelearé por el trono de Hoffmann! — gritó.

Las miradas de sorpresa se posaron sobre el chico, solo Patrick lo miró con incredulidad. El alfa había escuchado viejas historias que hablaban de lobos que abandonaban su manada y buscaban hacerse de la suya quitándosela a otro en una batalla atroz.

—¿Tú? — gruñó el alfa — Primero asesinas a mi padre y ahora, ¿te atreves a retarme por el trono que por derecho es mío?

—Si me atrevo. Y ese trono no es tuyo.

El alfa ladeó una sonrisa burlona, confiado de que la manada seguía creyendo que ese chico era un asesino; si vencía, toda duda sería borrada y bajarían la cabeza obedientes. Además, ya no era aquel cachorro cobarde, ese sentimiento lo había dejado atrás en aquella habitación junto al cadáver de su madre. Le fue sencillo vencer a los betas y ese chico le era insignificante en comparación; lo único que aún le desconcertaba eran esos ojos bicolor que brillaban como las estrellas.

Un rayo atravesó el cielo dejando ver, ante la mirada atónita de la pequeña Nova, como Kellen era golpeado cruelmente en el rostro por un Demian fúrico y convertido en lobo, quien había conseguido deshacerse de sus captores para ir a su rescate. La sangre salpicaba y manchaba el pelaje rojizo de Demian, mientras Kellen gruñía feroz y luchaba por liberarse de la zarpa que lo tenía sujeto por el cuello aferrándose a él y con sus patas traseras trataba de apartarlo. El beta había llegado poco antes de que Kellen la hubiera atrapado después de haberla perseguido por el oscuro bosque hasta casi llegar a un acantilado, y estaba cerca de descargar su enorme zarpa sobre ella; ya estaría muerta de no haber sido por él.

Kellen había conseguido liberarse y saltó sobre Demian antes de que este pudiera reaccionar y le aprisionó el hombro con sus fauces y sus garras quedaban prendidas del lomo. El beta se sacudió y se dejó caer de espaldas para que Kellen lo soltara para así poder sujetarlo de la nuca y estamparle el rostro contra la tierra húmeda causándole grandes raspones. Nova solo miraba, ¿Así iba a ser siempre?, ¿No sería mejor que ella pudiera defenderse por sí misma? La lobita volvió a mirar sus manos deseando con todas sus fuerzas que aquellas garras volvieran a salir y así poder ser útil.

La pelea ya empezaba a prolongarse demasiado, pero los licántropos parecían no darse cuenta de ello, y mucho menos el peligro de estar a orillas del acantilado, seguían atacándose con violencia manchando el suelo de su sangre que salía de todas partes de sus cuerpos. Ambos licántropos se detuvieron a mirarse fijamente, con el pelaje encrespado y mojado por la lluvia y la sangre que salía de todas partes, se gruñeron mostrando sus dientes afilados hasta que otro rayo hizo estruendo en el cielo y ambos volvieron a enfrentarse. Nova se horrorizó al ver como el rostro de su hermano era desgarrado por un zarpazo de Demian y uno de sus ojos era sacado de su órbita y caía cerca de ella, y sintió náuseas al escuchar el crujir del hueso del brazo de Demian que se fracturaba entre las fauces de Kellen. El beta gruñó de dolor y con su zarpa libre apartó a Kellen de un tirón, sin importarle rasgar su propia carne, luego lo llevó a rastras hasta el acantilado y levantó en el aire dispuesto a dejarlo caer.

—¡No! — gritó Nova — ¡Ya basta! ¡No vale la pena!

Ella tenía razón, la muerte sería un castigo fácil. Retrocedió y soltó a Kellen, pero este no estaba dispuesto a aceptar la derrota y volvió a lanzarse contra él. Y en el forcejeo ambos cayeron.

Nova corrió y tomó el brazo de Demian que alcanzó a sujetarse de la orilla enterrando las garras en la tierra mojada. El beta miró abajo, buscando a Kellen, pero él había desaparecido en la oscuridad del vacío. Trató de subir apoyandose de sus piernas y algo de ayuda de la lobita, pero era demasiado pesado para ella y la lluvia había vuelto resbalosa la piedra impidiendo que pudiera sostenerse.

«Es inútil — dijo el lobo — Será mejor que me sueltes.»

—¿Qué…? ¡No!

«Caerás conmigo si no lo haces.»

—¡No! ¡Puedes hacerlo! — siguió tirando de él — ¡Puedo subirte!

«¡Dije que basta! — gruñó y ella se detuvo — Solo vete. Ponte a salvo.»

—No… no puedo — se le quebró la voz — Eres todo lo que me queda.

«Siento no poder quedarme a tu lado.»

—No digas eso… — dijo, conteniendo las ganas de llorar.

«Mi pequeña lobita, eres lo que más amo en el mundo y no me perdonaría nunca si te llevo conmigo.»

—No quiero una vida en la que tú no estés.

«Sabía que dirías eso.»

Se soltó de la orilla y cayó a las profundidades de la espesa negrura de aquel abismo. Nova se quedó paralizada, con la mirada perdida en el vacío y los brazos extendidos, y el lazo que lo unía a él se quebró.



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⏰ Última actualización: 15 hours ago ⏰

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