Capítulo 20: ¿Polvillo de hadas o que m?

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— ¡AÚN NO PUEDO CREERLO! Nada, ni un cabello me tocó.

Helena se pasea de un lado a otro llevándose las manos a la cabeza con dramatismo.

— ¡ES UN COMPLETO IDIOTA! ¡Nunca en mi vida había hablado tanto con un chico! ¡Nos quedamos dormidos en su sofá sin tener sexo!

Guardo silencio y dejo que saque su frustración.
Podía hacerme una imagen mental de su cara al despertarse y ver que el chico fue quien tuvo control de la cita.

Se deja caer a mi lado en el colchón y suspira cansinamente

— ¿¡Puedes creerlo, Lys!? no cayó ante mi seductor encanto.

Espero con paciencia hasta que deje de decir palabrotas y de estrangular su almohada.

Agarro su peine favorito de encima del tocador. Debo hacer algo por ella o me hará saltar por el balcón.

— A mi me parece buena persona. No va tras un acostón.

— ¿Buena persona? A mí no me interesa lo buena persona, me interesa que esté buenísimo. Yo quería más que sentir esos músculos por sobre la ropa.

— ¿No te abalanzaste sobre él como una tigresa? —puso los ojos en blanco— Date vuelta.

Obedece y comienzo a desenredar su cabello para que se calme.

— Nou, ¡mierd! A duras penas disfruté que nos hiciéramos cucharitas en el sofá —se gira de cara a mí y su rostro es un poema— Tuvimos una cita inocente, puritana ¡Me ha lavado el cerebro!

No puedo contener más las ganas de reir y Helena me fulmina con la mirada.

— No seas dramática, él fue respetuoso, eso quiere decir que en serio le gustas, no quiere sólo pasar el rato contigo y desaparecer —digo con dulzura y le sonrío.

— Ok, ok como sea —agranda los ojos y manotea al aire—. Hablando de pasar el rato... ¿Qué hicieron John y tú a-no-che? — traza círculos con su índice apuntando hacia a mí mientras estira la última palabra, entrecerrando los ojos— ¿Usaste el vestido azul?.

— Sí. Lo planeaste todo, acepta tu culpa —la acuso.

— La tengo. Ahora cuentame todo con detalles a amplia escala.

Su cara se iluminó al momento que eleva sus cejas.

— John me llevó a cenar, hablamos, reímos, me trajo de vuelta... fin.

— Si, si, y yo soy virgen —Manotea en el aire restándole importancia y se levanta de la cama— ¡los detalles nena, los detalles! ¡Dime que el vestido lo hizo confesarte su atracción!

— ¡Ajá! ¡Entonces por eso me dijiste que lo usara!

Helena pone los ojos en blanco y resopla.

— Lys, dime que funcionó.

Me muevo incómoda en mi lugar antes de hablar.

— John estuvo muy extraño todo el tiempo ...no lo había visto así, tanto, que de la nada me besó.

Grita como una loca dando brincos y tengo que hacerme orejeras con las manos.

— ¡Lo sabía! ¡Sólo necesitaba un empujoncito!

Se puso de pronto seria. Lena es bien rara, un momento está eufórica, y al otro, totalmente lo opuesto.

— Lys...es mi deber como amiga de ambos poner las cosas claras, ya que ustedes parecen no encontrar la forma correcta de comunicarse.

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