Capítulo 70 (Final libro 1)

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Abro mis ojos y percibo que estamos en la cima, cerca de donde realizan las honras fúnebres de los guardianes.

Veo a mamá mirar hacia mí y luego hacia Ashley, y camina hasta detenerse frente a nosotras.

— Cariño ¿Estás bien? —sus ojos recorren mi rostro como si estuvieran viendo a una persona extraña.

— ¿También tú, mamá? —digo por lo bajo para que los hombres de la familia no se den cuenta y terminen haciéndome un completo interrogatorio.

— ¿Cómo así? ¿Qué está pasando Ashley?

Sentencio a mi hermana con la mirada y ella se encoge de hombros.

— El bebé ha estado inquieto, debe estar tan intrigado como nosotras por saber a donde vamos —contesta y desvía la mirada hacia los demás como restando importancia.

— Debe estar sintiendo tus nervios, trata de respirar hondo, recuerda que el siente lo que tú sientes —Mamá me mira cariñosamente y me dan unas ganas infinitas de abrazarla.

— ¡Ok mujeres, vengan, es por acá! —Grita mi padre desde el inicio de un camino de roca y seguimos sus indicaciones, luego de un tramo de camino recorrido comienza a hablar como un loro mojado.

— Chicos, todo este tiempo hemos estado buscando erróneamente el río Pactolo, por eso no hemos tenido resultados. Me puse a investigar más a fondo y sepan que la cuidad fue fundada con ese nombre en honor al río que una vez atravesó el valle, pero apenas comenzaron las construcciones y el sedimento, lo secó, el río desapareció.

Ahora sí que papá había matado todas mis esperanzas, me quedaría con el toque para siempre y no sabía qué consecuencias pudiese tener al nacer el bebé, eso era lo que más miedo me daba, podría terminar... ¡matándolo!

Nos adentramos al bosque por un sendero de tierra mientras abandonábamos el camino de roca. Papá prosigue con su clase de historia, y me obligo a seguirles el paso aunque siento que es una tortura, ¿Para que esforzarme? Mi final es inminente.

— Me di a la tarea de encontrar el nacimiento del río y ¿Qué creen que pasó? —Se hace a un lado y moviendo unas enredaderas nos abre paso a un surco de piedras. El corazón se me acelera y mis ojos se entornan al lugar que papá dejaba entrever— Les presento el nacimiento del rio Pactolo, el manantial donde Midas se bañó para devolver su toque.

¿¡QUÉ!?

No puedo creer lo que mis ojos están viendo, la caída de agua de entre las rocas es hermosa y los rayos del sol se cuelan por entre los árboles.

El manantial es maravilloso a la vista, con sus aguas cristalinas que permiten ver el fondo y la arena de un color un poco dorado, un matiz parecido al que tiene mi piel en estos momentos. Luego de unos metros, el agua se pierde en una corriente subterránea.

Tantos meses aislada, siempre viviendo con el temor de dañar a alguien, estaba por terminar. Miro uno a uno los miembros de mi familia, con quienes he compartido tantos momentos felices, pero también los más duros de toda mi vida, ellos no me abandonaron, tal como John me lo había prometido, se quedaron a mi lado, fueron pacientes y me dieron fuerzas esos días en que creía que iba a desfallecer.

En verdad ellos son mi familia, una familia de verdad, dispuesta a darlo todo, hasta la vida si fuese necesario.

— ¡Vamos hija! ¿Qué esperas? —Papá me dedica la sonrisa más dulce que jamás le había visto darme y abraza a mamá, mientras que se inclinaba para darle un beso en la sien.

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